Nuevo presidente en E.E.U.U.; grandes oportunidades para México

Donald Trump, candidato del Partido Republicano, ganó la elección presidencial del pasado martes 8 de noviembre de 2016. Tras su victoria, el mundo atestiguó reacciones tanto positivas como negativas, con diversas consecuencias. Por mencionar un caso, algunos de los mercados que cotizan en las bolsas de valores experimentaron pérdidas drásticas; otros, repuntes históricos. Pero, ¿qué significa el triunfo del republicano? Para algunos, el fin de los “buenos tiempos”; para otros, el cambio que “hacía falta”.

El contraste se explica, al menos en parte, porque Donald Trump prometía favorecer a la clase media en detrimento de las grandes corporaciones, las empresas transnacionales, los banqueros y Wall Street en su conjunto. Su intención de renegociar los tratados de libre comercio puso en alerta a los grandes capitales, que son sus únicos beneficiarios, tal como evidencian las consecuencias de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la población de sus tres países suscriptores. En éstos, la economía de incontables familias fue destruida, al tiempo que las grandes empresas aumentaron desproporcionadamente su poder económico. Tan sólo en México, la importación obligada de alimentos subvencionados de los Estados Unidos provocó la destrucción del campo mexicano, el cual, bajo las reglas del libre mercado impuestas por dicho tratado, no podía beneficiarse de los apoyos gubernamentales. En tan franca desventaja, México terminó por perder su ya de por sí debilitada soberanía alimentaria.

Si bien es cierto que como consecuencia del tratado se crearon empleos en territorio mexicano, la realidad es que fueron de bajo perfil. Es decir, ofrecieron pocas o nulas prestaciones para los trabajadores, así como sueldos miserables, lo que hizo imposible el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos. Por contraparte, la salida de las grandes empresas de Estados Unidos para aprovechar la mano de obra barata, provocó la pérdida de empleos para los ciudadanos estadounidenses.

Como puede verse, es un hecho que las corporaciones de las que hablamos se aterran ante las posibilidad de perder sus grandes privilegios, aunque sólo fuera en una mínima porción. Donald Trump significa, pues, el rompimiento del statu quo. Todo ello sin siquiera profundizar en que, a diferencia de la candidata demócrata, el republicano nunca se mostró a favor de las intervenciones militares que agenda su país en prácticamente la totalidad del mundo, aspecto que resulta particularmente importante para el resto de los países del planeta.

Los medios masivos de información pueden generar grandes psicosis colectivas, desplomar mercados e imponer presidentes
Los medios masivos de información pueden generar grandes psicosis colectivas, desplomar mercados, imponer y quitar presidentes; en suma, crear monstruos donde no los hay.

Aunque improbable, si Donald Trump cumpliera su promesa de campaña en la que se propuso no usar el presupuesto del gobierno para intervenir en los asuntos internos de otras naciones, para México surgiría una posibilidad real de alcanzar la anhelada autodeterminación. Sería entonces el momento idóneo para que las izquierdas pudieran unirse en pro de un México verdaderamente democrático y soberano, algo que resulta casi imposible cuando se es objeto de la intervención sistemática del imperio en aras de la permanencia de las políticas neoliberales. Ante tal oportunidad, no bastará con liberarse de la (mala) influencia del vecino del norte, sino que deberemos aprender a construir políticas propias sin que el miedo a ser “sancionados” nos embargue.

La sola posibilidad de que Estados Unidos se vea mayormente concentrado en sus propios asuntos, abriría una ventana similar a la que se presentó cuando el entonces presidente Lázaro Cárdenas aprovechó la coyuntura de la segunda guerra mundial para nacionalizar la industria petrolera. Aunque los poderosos intereses de las transnacionales prevalecerían, existiría una pequeña pero significativa oportunidad para desmarcarse de las políticas opresoras de Washington. La pregunta más importante aquí es: ¿serán los líderes de la izquierda mexicana lo suficientemente humildes para trabajar juntos en beneficio de un bien común mayor? Es difícil, mas no imposible.

Asimismo, el desprestigiado gobierno actual podría aprovechar para resarcir algunos de los daños que sus políticas infligen en la población, mediante la renegociación de los tratados de comercio, así como mediante la inversión en el campo y el país en general. Podría llegar a ejercer, al menos por un momento, una política pública responsable.

Ya es hora de ampliar nuestra visión y convencernos de que no vale la pena preocuparnos por la maldad que los medios atribuyen a Trump. Por el contrario, debemos centrarnos en la gama de oportunidades que están por venir a fin de poder aprovecharlas cuando se presenten. Recuerde que los medios mueven masas, mas debemos mover las mentes.

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