La injusticia inherente al modelo de negocio moderno

El modelo de negocio moderno tiene como principio básico maximizar sus utilidades, razón por la cual no se toman en cuenta las necesidades humanas básicas ni el cuidado del planeta.
Foto: “Royal Canadian Mint” o “The Mint”, imagen por Maya Alpizar.

Hay tanto miedo de quedarnos fuera del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que es común leer o escuchar a la gente decir que sería el acabose para el país. Es cierto, sería una situación muy difícil, pero el pretexto perfecto para hacer las cosas bien por primera vez después de tanto tiempo de, literalmente, retroceder.

En la actualidad, nuestro país no posee una industria fuerte. No somos un país productor; por el contrario, somos uno que compra gran parte de los productos que consumimos, incluida la comida [1, 2, 3]. Dependemos en un 70% del comercio exterior, esto es, tanto de lo que vendemos como de lo que compramos de países extranjeros [4], mayoritariamente de los Estados Unidos de Norteamérica. Y peor aún, es un hecho que con la “liberación de los energéticos”, ahora sí, ya no seremos los dueños de nuestros propios recursos, de ningún tipo [2]. Será la industria privada, especialmente la extranjera, la que se hará cargo de ellos. Esto plantea un problema serio de independencia y soberanía que, por desgracia, muchos son incapaces de ver.

Lo primero que debemos recordar es el fin último de básicamente cualquier empresa moderna: maximizar sus utilidades. Esto implica de forma directa que todas ellas, o al menos en su mayoría, buscan reducir sus costos de operación de todo tipo: sueldos y prestaciones, maquinaria y equipo, precios de los insumos, renta o compra de bienes inmuebles, seguros, energía, entre tantos otros rubros que podríamos incluir en la lista.

Muchas empresas vienen a México pues tiene un gobierno que permite dar sueldos miserables a los trabajadores, los cuales, en la mayoría de los casos, no requieren de una formación académica altamente especializada. Con la reforma laboral se “flexibilizó” el contrato laboral de modo que ahora los trabajadores del país perdieron garantías importantes, como por ejemplo, el derecho a generar antigüedad [5, 6 (p. 110)]. Así, México se volvió un país mucho más atractivo para las trasnacionales que desean minimizar sus gastos mediante estrategias eficaces pero inhumanas como el no invertir en sueldos ni en prestaciones laborales. Otra manera de bajar los gastos es comprar los “insumos” al menor precio posible. Tal es el proceder de todas aquellas empresas que usurpan los recursos naturales o energéticos (agua, minerales, tierras, petróleo, carbón mineral o gas natural, entre otros) de los países que, por voluntad propia o por la fuerza ejercida por las potencias colonizadoras, así lo permiten. Mediante dicha estrategia, terminan pagando una cantidad ridícula a los gobiernos por hacer uso de los recursos, a cambio de “generar empleos”, aunque muy mal pagados y sin prestaciones. Por si fuera poco, en países como México, se les permite hacer todo tipo de maniobras legaloides para evitar el pago de impuestos, razón por la cual logran ahorrar cantidades ingentes en ese rubro. Muchas, inclusive condicionan a los gobiernos para que se les ceda el territorio en el cual estarán operando debido a que serán extremadamente generosas al “meter capital extranjero al país, generar empleo y por lo tanto bienestar”. Lo que no se dice es que el gobierno, después de hacer tantas concesiones, termina por perder soberanía, poder y dinero ante la empresa. Especialmente en el caso de las empresas extranjeras, se presenta el agravante de que tienen todo el derecho de retirar la totalidad de sus ganancias para guardarlas en otro país, logrando así que ni siquiera esas utilidades puedan ser manejadas por la banca que opera en el territorio nacional. Todo esto sin mencionar que muchas de ellas causan daños ecológicos que podrían ser, en la práctica, irreparables [7, 8, 9, 10, 11, 12, 13] como el caso del tan conocido desastre ecológico de Chevron-Texaco en la Amazonía ecuatoriana [14]. En México, nos enfrentamos ya al desafío que imponen las empresas de fracturación hidráulica o “fracking” y en los próximos años, a las severas consecuencias ocasionadas por la inminente destrucción de la naturaleza: contaminación de la tierra, el agua y el aire [7].

En la actualidad, el concepto de empresa privada es un ejemplo de la avaricia humana llevada al límite. Un número significativo de empresas extranjeras que nacieron en países “del primer mundo”, terminaron operando en países “del tercero” o “en vías de desarrollo” gracias a todas estas concesiones gubernamentales. Si bien ya tenían un margen de utilidades muy bueno, su carácter insaciable las llevó a cerrar sus plantas en sus países de origen para trasladarse a otros donde pudieran ganar más. Mucha gente se ha visto afectada por estas prácticas completamente inhumanas pero totalmente legales en el mundo globalizado, las cuales se han hecho completamente visibles en nuestro país y en los vecinos del norte a raíz del TLCAN, como lo muestra claramente el caso de Rexnord Corporation [15] o el de las mineras canadienses que explotan los minerales del país sin la menor responsabilidad social o ecológica (ejemplos claros son la falta de responsabilidad cuando ocurren accidentes o el daño ecológico causado por las minas a cielo abierto).

Con esto, los únicos ganadores son los accionistas y los dueños de las empresas. El caso de México, como el de muchos otros países en esta situación, es verdaderamente triste pues la nación cuenta con una cantidad tal de recursos naturales que, sin lugar a dudas, podrían ser el motor de su economía si tan sólo fueran utilizados de forma sustentable y por los organismos adecuados. Es un hecho que ningún gobierno de elección popular ha tenido la meta de convertir a México en un país económicamente fuerte ni independiente. No se han elaborado planes de gobierno cuya meta sea generar una industria, ni privada ni estatal a partir de la riqueza nacional. Por el contrario, las empresas estatales han estado siendo desmanteladas y “regaladas” a la inversión privada (IP). Nótese el caso de TELMEX. Toda la infraestructura de telecomunicaciones del país, la que se construyó con los impuestos de la gente, fue “vendida” a un precio amigable a quien hoy en día ya es considerado uno de los hombres más ricos del mundo. De igual forma se ha hecho con muchas otras empresas estatales que, pese a la mala administración de los gobiernos corruptos, lograban producir enormes beneficios para el país.

Nuestros dirigentes se han encargado de hacernos creer que las empresas estatales son, por definición, ineficientes. Nada más alejado de la realidad. La tarea de estos gobiernos ha sido desmantelar al estado y entregarlo a la IP a través del engaño. Con gobiernos comprometidos, las empresas estatales no sólo serían eficientes, sino que serían modernas y capaces de dar servicios de muy alto nivel, algo en lo que la empresa privada está muy limitada debido a su sed de dinero. El propósito de una empresa de estado no es hacerse rica sino mantenerse a la vanguardia y brindar un servicio a su población, razón por la cual siempre estará en ventaja sobre una empresa privada. Todas sus utilidades podrán ser reinvertidas en ella. Cuando el gobierno nos hace creer que la empresa estatal es ineficiente por definición, nos manipula para inducir la idea de que la única manera de que funcione es entregarla a manos privadas. La realidad es que su entrega genera pérdidas de diversa índole, empezando por la del capital estatal que vino del pueblo, hasta la de un servicio auténtico, que no está sujeto a un margen de ganancias; comprometido con la calidad.

Recordemos: el fin último de toda empresa privada es maximizar sus ganancias. Basándonos en esta premisa, el dejar en manos de la IP cualquier recurso indispensable para vivir en la era moderna como lo son la producción de energía eléctrica, el suministro de gas o agua, la vivienda o la salud, puede cuestionarse como una decisión poco ética por parte de los gobiernos. Debido a que las empresas querrán maximizar sus utilidades, siempre presentarán un aumento de precios y seguramente, una disminución en su calidad. Es inmoral, ya que el negocio se aprovecha de la imperante necesidad humana de sobrevivir: todo recurso indispensable para la vida puede ser vendido a cualquier precio, la gente lo necesita y por lo tanto, lo pagará. Si existen mercados en los cuales se pueden obtener ganancias groseras es en estos rubros: los necesarios para la vida. Es por esto que las empresas estatales son tan importantes para la economía interna de un país, su fin último es prestar servicios, no maximizar sus utilidades.

Y para que las palabras de nuestro ilustrísimo presidente resuenen en todos: sí, la corrupción es precisamente la raíz de todos los problemas. Las empresas estatales quiebran por que no se invierte en ellas, por que no se modernizan, por que sus directivos prefieren robarse el dinero en lugar de usarlo para el bien de todos. Tan sólo citando el caso de PEMEX, es una mentira decir que no tiene la capacidad para hacer lo que la IP haría. Simplemente no quieren invertir en ello. Dirán: PEMEX no cuenta con el equipo adecuado. Bueno, hay dos opciones, o se compra o se construye. Cuando es de carácter urgente, el equipo se compra, pero cuando se tiene el tiempo, los países más avanzados saben muy bien que siempre será mejor generar tecnología propia que les permita construir su maquinaria y equipo. Y aquí se desvela otra mentira que nos han vendido: ¡para qué invertir en ciencia y tecnología! Si todo ya existe, mejor compramos. Bueno, si fuera mejor, países como los Estados Unidos de Norteamérica, China, India o Rusia no se preocuparían de forma desmedida por desarrollar su propia industria tecnológica. Saben bien que la tecnología, así como los recursos naturales, dan poder.

El estar inmersos en una sociedad consumista-capitalista puede generar la falsa idea de que la empresa privada es indispensable para la vida. No lo es. La empresa privada ha crecido de forma desmedida sólo porque el modelo económico vigente lo ha permitido, y no sólo eso, ha exigido que los gobiernos entreguen sus empresas. La principal exponente de esta desequilibrada idea fue la dama de hierro, a quien todos debemos “agradecer” que el mundo esté colapsando. Decía que el Estado no debía hacer nada más que mantener el orden. En pocas palabras, reprimir al pueblo cada vez que se sublevara porque se le estaba explotando. Decía que la IP era la mejor capacitada para hacer los negocios, manejar los recursos o comerciar. Siguiendo este razonamiento, entonces, si un gobierno no sirve para administrar los recursos del país ni para brindar seguridad a su población, ¿para qué sirve?, ¿no sería mejor no tener gobierno? Si el gobierno sólo sirve para operar al ejército, a la policía y al sistema tributario, ¿no es mejor que los ciudadanos se agrupen por intereses y gestionen su vida de forma independiente de acuerdo a sus necesidades? Esto es justamente lo que sucedió en Chiapas con las comunidades independientes. Por lo visto, el gobierno ideal de Margaret Thatcher era aquel que se dedicaba a recibir dinero del pueblo para existir. No le interesaba tener injerencia en la justicia económica; no, para eso están las leyes del mercado. Lo que no decía era que éstas podían ser fácilmente manipulables a través de mecanismos como la especulación. Según ella, no es necesario administrar los recursos naturales ni usarlos de manera adecuada, para eso están las empresas que los explotarán conforme consideren conveniente, no importando si destruyen el ecosistema y la vida en general. Para qué invertir en generar servicios de calidad si la empresa privada puede brindar servicios suficientemente buenos para cualquiera, y si no le gusta, ¡le lanzamos al ejército!

Esta idea de gobierno es la que se está intentando imponer en la mayoría de los países del mundo. Aquellos que están en desacuerdo suelen sufrir tragedias enormes como golpes de estado, guerras civiles, derrocamientos armados y hasta invasiones directas de los promotores del capitalismo de compadrazgo. Es una idea imperialista en la cual, los recursos no le pertenecen a un grupo étnico o país sino a quien es capaz de explotarlos. Como en la “ley del más fuerte”: como yo soy quien puede explotarlos, me pertenecen, sin lugar a dudas. Si recapacitamos un poco, esa es justamente la visión de todo imperio, es expansionista por naturaleza, explotador. Toma por la fuerza lo que no le pertenece. El problema radica en que muchos gobiernos ni si quiera luchan por defender lo que, por derecho, le corresponde a su propio pueblo. Tal es el caso de México.

Nuestro problema de fondo, sin embargo, no es el mal gobierno, es el hecho de que como pueblo no tengamos la conciencia de que nuestras decisiones, tanto las individuales como las colectivas nos afectan a todos. El no ser capaces de elegir a un gobierno que esté comprometido con administrar los recursos naturales de forma responsable y para el beneficio de todos es la raíz de todo mal. Es un círculo vicioso que nos empobrece cada vez más.

¿Cuál es la utilidad de un gobierno que no gobierna, que no protege a sus ciudadanos y que no fomenta una vida digna? Existen muchos rubros que la empresa privada puede cubrir, pero ninguno debe ser parte de las necesidades básicas de un pueblo pues terminaría por convertirse en un comercio de las necesidades humanas. Ni la salud, ni la educación, ni la vivienda, ni los recursos naturales deben estar en manos de privados. Una cosa es que existan los hospitales privados y otra que desaparezcan los públicos. Una cosa es que existan las escuelas privadas y otra que dejen de existir las públicas. La banca, la elaboración de medicamentos, la producción de alimentos, la distribución del agua, la producción y distribución de energía eléctrica o gas, el transporte, todo aquello necesario para tener una vida digna nunca debe ser entregado a la inversión privada por la sencilla razón de que deja de ser un servicio para la vida humana y comienza a ser un jugoso producto comercializable. El caso de la India en cuanto a los medicamentos es increíble; el país genera los suyos a muy bajo precio, al tiempo que ninguna empresa farmacéutica ha logrado penetrar ese jugoso mercado. El equilibro se encuentra en esta justa medianía: que el estado provea bienestar al pueblo generando las reglas justas para la vida y que la industria privada exista sin que sea a costa de los pueblos y la madre naturaleza. Los recursos explotados por las empresas privadas deben ser pagados al precio justo, de otra manera, es el estado quien debe explotarlos para el bienestar de su sociedad.

Los defensores del capitalismo se escandalizarían con esta reflexión. Sin embargo, no pueden negar el hecho de que las leyes del mercado sólo funcionarían en un ambiente justo y neutral. Este no es el caso de la vida presente de los habitantes del planeta Tierra. El sistema económico imperante que requiere del contubernio de los gobiernos, favorece a sus propios amigos y compadres, no deja que opere la teoría económica que se desea aplicar y es por ello que ha fracasado a nivel mundial [6 (p. 91, 92)]. La mejor vía siempre será la humanista, la que regula de forma justa y no tendenciosa que los habitantes del planeta reciban lo adecuado para vivir. Por desgracia para los capitalistas, sí es necesario generar “las reglas del juego” de forma tal que nadie termine en la miseria ni que se acumulen grandes capitales en unas cuantas familias. Por mucho que deseen apegarse a su “eficaz” modelo, es un hecho que en la práctica no funciona. Es hora de cambiar a una economía en la cual, los recursos necesarios para la vida moderna no estén sujetos a las famosas “leyes del mercado” ya que no es posible aplicarlas. El efecto más claro se tuvo en Inglaterra, imperio promotor del neoliberalismo, cuando privatizó su sistema ferroviario. Las tarifas subieron y la calidad del servicio cayó estrepitosamente, haciendo que ni el propio gobierno promotor tuviera forma de explicar tales consecuencias [16]. No hay duda de que la afectación a nivel global ha sido desastrosa [6, 17].

Finalmente, quedémonos con el claro ejemplo de Bolivia, un país que vivió la desgracia de la corrupción humana de su gobierno. Ahí habían privatizado todo, hasta el agua de lluvia. Pero el experimento fracasó pues el pueblo decidió expulsar a su gobierno en turno y elegir uno que les proporcionara seguridad. Hoy en día, son dueños de sus recursos naturales y la inversión estatal ha sido de las más altas en toda su historia [18]. Tal vez, como mexicanos, debamos vivir esa experiencia tan extrema para que podamos al fin generar el cambio que merecemos.

Bibliografía

[1] https://soberaniapopularmx.blogspot.mx/2017/10/el-fin-del-tlcan-revista-proceso-15-de.html

[2] http://www.jornada.unam.mx/2017/11/27/opinion/022o1eco

[3] https://atlas.media.mit.edu/es/profile/country/mex/

[4] https://es.portal.santandertrade.com/analizar-mercados/mexico/cifras-comercio-exterior?&actualiser_id_banque=oui&id_banque=35&memoriser_choix=memoriser

[5] https://aristeguinoticias.com/0410/mexico/los-3-efectos-negativos-de-la-reforma-laboral/

[6] https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/8/3809/6.pdf

[7] https://actualidad.rt.com/actualidad/255093-fracking-mexico-5000-pozos-activos

[8] http://www.greenpeace.org/espana/Global/espana/report/cambio_climatico/Fracking-GP_ESP.pdf

[9] https://www.youtube.com/watch?v=dcQ7eQkZV8g

[10] https://www.youtube.com/watch?v=kmf8p7QQoUI

[11] https://www.youtube.com/watch?v=hn24mSzX98U

[12] https://actualidad.rt.com/actualidad/view/121962-pesticidas-peligrosos-monsanto-salud

[13] https://actualidad.rt.com/actualidad/172768-biotecnologia-omg-monsanto-transgenicos

[14] http://www.ambiente.gob.ec/ecuador-mostro-al-mundo-la-mano-sucia-de-chevron/

[15] https://www.nytimes.com/es/2017/10/15/mexico-sindicatos-trabajos-rexnord/

[16] http://www.lanacion.com.ar/476535-en-inglaterra-la-luz-de-los-trenes-decayo-con-la-privatizacion

[17] A quien esté interesado se le recomienda ver: Los Barones Ladrones, por Ayn Rand https://www.youtube.com/watch?v=8lNgI0wBJSc

[18] http://www.vipfe.gob.bo/index.php?opcion=com_grafico&tipo=inversion_publica&id_item=703

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1 comentario para “La injusticia inherente al modelo de negocio moderno

  1. Juan Diego
    28 noviembre, 2017 at 12:36 pm

    “Existen muchos rubros que la empresa privada puede cubrir, pero ninguno debe…”; en mi opinión, es este párrafo, el que comienza así, el el que resume, de manera clara y genial, el sentido que Alpizar quiere transmitir -o eso me parece a mí-, pues, al final, no se trata de que lo privado sea malo per se, o que no “deba” existir o que no existan muchos ámbitos en los cuales puede ser realmente útil a los pueblos o países, sino cuando pretende apropiarse de las necesidades más elementales del ser humano, privatizarlas y ponerles precio: eso es una aberración macabra a la cual debemos oponernos y por lo que vale la pena luchar, siempre.
    Gracias. Creo que es un excelente artículo.

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