Comprender a Cuba

Ante los recientes acontecimientos controversiales dentro de la isla caribeña, resulta menester poner de relieve uno de sus nuevos grandes desafíos: persistir frente a una pluralidad humana que concursa con una pluralidad falsa creada desde las redes sociales (RRSS). Existe una diferencia capital entre la pluralidad humana que es natural y deseable, y lo que podría entenderse como una pluralidad condicionada, forzada o fabricada: aquella que generan los algoritmos o la inteligencia artificial (IA) desde las RRSS con pretensiones políticas y económicas para construir realidades inexistentes. También podría señalarse otra mejor conocida, como la “pluralidad pagada”; es decir, aquellos movimientos sociales que aparentemente defienden una causa legítimamente diversa pero que responden a un precio económico. No obstante, la capacidad de la IA para desarrollar una pluralidad ficticia destaca por los efectos que puede provocar en la democracia así como en la autodeterminación de los pueblos. Esta inteligencia se sirve de aspectos aislados y parciales de la realidad para construir otra distinta, toda vez que se vale de estrategias como la repetitividad, la retórica, las provocaciones y las respuestas emocionales (discursos que buscan apelar a los sentimientos y no a la razón), visiones parcializadas, exageradas o sacadas de contexto, así como del manejo irreal del tiempo (velocidad inaudita de una “información” presentada como verídica), etc., para modificar el verdadero estado de las cosas.

Es probable, por lo tanto, que éste sea uno de los nuevos desafíos que enfrenta el gobierno cubano. Quizá, de hecho, sea el más difícil, porque va directo a la mentalidad de su población. Si bien enfrentar el imparable flujo de las noticias falsas a través de las RRSS es uno de los mayores retos para todas las democracias del mundo, ninguna otra nada contra la corriente como la de Cuba. El poder de la IA es tan inmenso, que la Revolución podría caer “simplemente” por la acción efectiva de unos algoritmos que buscan sin descanso entre miles de millones de posibilidades la fórmula que logre inocular el veneno que derroque al movimiento revolucionario desde las propias venas de la isla. Los seres humanos, en cambio, no poseen la misma capacidad de la IA que, si bien creada por éstos, vive y evoluciona por sí misma con alcances imposibles de medir o prever con precisión.

Se comprende que las generaciones más jóvenes estén obligadas a ser diferentes frente a aquellas que les anteceden, por lo menos en algún grado. En principio, un hijo que crece autónomo, integral y saludable, modificará aspectos de las prácticas que sus padres le enseñaron, por buenas que hayan sido. Esto es un fenómeno social natural: “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción”, decía Allende. Así, los jóvenes cubanos están obligados a observar de forma crítica y novedosa lo que sus ancestros hicieron y que les afecta directamente; incluso, pueden aceptarlo o rechazarlo de manera legítima, en cuyo caso, sería uno de los desafíos: mantener los ideales revolucionarios haciendo frente a una diversidad interpretativa de la realidad que impone la pluralidad humana, de ahí que uno de los mayores retos para seleccionar los mejores cursos de acción, sea saber diferenciar entre la pluralidad orgánica de la pluralidad falsa creada por las RRSS, irrenunciables en la actualidad.

La amenaza impuesta por las redes sociales se cierne sobre el pueblo cubano, especialmente en una juventud cada vez más distante de los hechos históricos y cada vez más influenciada por los algoritmos cibernéticos; sus efectos, pues, no pueden ser subestimados. La lucha ideológica tiene un nuevo e implacable actor en la Inteligencia Artificial, uno que puede cambiar el destino de los países y que ya lo ha hecho en el pasado reciente. Fuente de la imagen: Justin Salomon, CNBC.

¿Cómo conservar la Revolución cuando la juventud está obligada a ver la realidad de una manera diferente, toda vez que la mira a través de la necesidad e incluso dependencia de las RRSS que crean racionalidades falsas? Las RRSS crean mundos y realidades a partir de un sofisticado sistema que va por delante de las capacidades humanas. La IA “razona” más rápido y no tiene ética, moral ni necesidad de descanso; no se deja influir sino que es influyente y tampoco es capaz de cambiar por remordimientos de conciencia: responderá únicamente a lo que dicten sus algoritmos sin parpadear.

Fidel Castro decía: “no les pedimos que crean, les pedimos que lean”. Empero, las nuevas generaciones no gustan de leer o investigar (lo que requiere disciplina, tiempo y esfuerzo), sino que sus mentes se forjan a partir del estímulo emocional inmediato con poco o nulo razonamiento intelectual o lógico. Estamos en el siglo de la imagen, el vídeo, los colores, los sonidos, etc., todos ellos presentados atractivamente para que despierten sensaciones de malestar o bienestar de acuerdo a posiciones políticas veladas en cualquier ámbito. Las nuevas generaciones se creen autónomas, no obstante, probablemente sean las más vulnerables y dependientes de todos los tiempos. Pocos jóvenes saben leer (leer el trasfondo de las letras e imágenes) y menos todavía, pueden estar sin las RRSS, por lo que su racionalidad se construye por medio de la información que obtienen a partir de pretenciosos contados caracteres. ¿Cómo se defiende una revolución que se hizo a partir de la razón con lo contrario?

Pocos pueblos tienen la capacidad de enfrentarse a la adversidad como el cubano; pocos, además, están tan educados. Sin embargo, no es trivial a lo que se enfrentan ahora: dudas impuestas desde el exterior en mentes zagales que están obligadas a cuestionar (dudar) el mundo en el que habitan. Lidiar con la pluralidad orgánica que brota de las nuevas generaciones al tiempo que se construye dentro de un ambiente que genera una pluralidad artificial o condicionada que responde a intereses imperialistas foráneos no es peccata minuta. Debe comprenderse que incluso el más letrado ha sido víctima de la IA con alguna consecuencia. ¿Cómo mantenerse abierto a la utilización de las redes sociales dominantes toda vez que se enfrenta con éxito los embates de una IA que pretende construir una nueva realidad desde la mente de sus usuarios? Es probable que la apuesta más certera siga siendo la educación y la advertencia interminable del peligro potencial de las RRSS: su uso sí y sólo sí se está educado para ello; de lo contrario, ¿cómo sacarles provecho positivo?, ¿cómo mantenerse protegido?, ¿cómo vencerlas en caso dado? La educación, que no supone un simple “saber usar” sino un comprender o entender de fondo qué se usa para usarlo bien y con seguridad, tendría que ser la apuesta frente al poder inconmensurable de los algoritmos desde la más tierna infancia. Las RRSS trajeron posibilidades ampliamente positivas para la vida e incluso para la educación, pero al poseer el potencial de inventar realidades y racionalidades falaces, usarlas sin ninguna educación específica del mecanismo interno que suponen, puede implicar el extravío de la razón y del sentido, la siembra del caos e incluso la pérdida de realidades genuinas y vidas humanas.

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