Dignidad

La soberanía nacional garantiza la dignidad del pueblo.

Con tanto revuelo en torno a las declaraciones del presidente Donald Trump, me pareció importante tratar de visualizar el verdadero problema que suponen para México las afirmaciones de este mandatario.

Así, la primera pregunta que saltó a mi mente fue: ¿qué necesitamos hacer como país para que sus políticas no afecten más al pueblo de México? La respuesta fue casi inmediata: soberanía. Pero, para lograr tan anhelado deseo, ¿por dónde empezamos? Ahí inició la verdadera reflexión.

Recuerdo cuando en los medios masivos sonó mucho que Brasil imponía ciertas “sanciones” a los estadounidenses. Lo que el gobierno brasileño hizo fue exigir a los visitantes con nacionalidad estadounidense los mismos requisitos que el consulado estadounidense pedía a los brasileños. Esta medida fue tomada con indignación por E.E.U.U. pero con respeto por muchos países que, como Brasil, han sufrido el maltrato y la discriminación por parte del país norteamericano. Incluso hoy en día, los ciudadanos mexicanos tenemos el privilegio de poder visitar al gigante sudamericano con pasaporte en mano mientras que los norteamericanos requieren cumplir con una lista de requisitos para obtener su visado [1]. Este acto refleja dignidad por parte del gobierno Brasileño ante la agresión del gobierno estadounidense.

Entonces, podríamos decir que debemos empezar por recuperar la dignidad como pueblo.

La Declaración Universal de Derechos Humanos dice que todos los seres humanos contamos con una cualidad intrínseca que es la dignidad. Esta cualidad es inalienable ya que es imposible eliminar la libertad interior [2]. Los primeros artículos dicen [3]:

Artículo 1.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3.

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4.

Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5.

Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6.

Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7.

Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

[…]

Con lo cual, ya es posible notar que el país vecino del norte viola los derechos humanos de básicamente todos los migrantes e incluso de sus propios ciudadanos. Es verdad que un país tiene derecho a imponer sus propias reglas migratorias. Sin embargo, es claro que muchas de ellas, en el caso de E.E.U.U. son un atentado contra la dignidad de la persona.

Parece verse ya con cierta claridad que el camino a seguir es el de la recuperación de la dignidad. Cada pueblo debe exigir que su gobierno sea capaz de defenderla ante las agresiones externas e incluso las internas. México es sólo uno de tantos países que no se atreven a imponer al imperio las reglas que éste impone. Para un mexicano es una verdadera pesadilla tramitar una visa estadounidense y peor aún, el procedimiento migratorio es altamente denigrante. Como Brasil, México tendría todo el derecho de imponer a E.E.U.U. las mismas reglas del juego. Sin embargo, nuestro gobierno no tiene la fortaleza para hacer lo correcto. Por el momento, no queda más que “conformarnos” con lo que existe; es decisión de cada uno de nosotros el mantener la dignidad o no, mientras no elijamos un gobierno que proteja al pueblo.

Debemos pues empezar por generar soberanía, algo que los gobiernos de derecha se han esforzado por desaparecer; la soberanía alimentaria y la energética son las claves para la recuperación de la dignidad. El poder ofrecer empleos dignos y seguros a todos y cada uno de los ciudadanos solucionaría el problema migratorio que tiene E.E.U.U. con nuestro país. Ningún mexicano abandonaría su patria ni a su familia en busca de un trabajo que le permitiera sobrevivir si su nación fuese capaz de ofrecerle un trabajo digno. Los mexicanos viven un auténtico calvario en la búsqueda de una vida mejor y por lo tanto, terminan por migrar a otro país.

Desde hace décadas, el gobierno mexicano se ha dedicado a destruir los empleos seguros. Se ha encargado de proveer a las grandes multinacionales con mano de obra barata modificando los derechos de los trabajadores, de manera tal que las ganancias de los corporativos se maximicen. Han desmantelado al propio estado con la oleada de privatizaciones de las empresas del gobierno con el pretexto de que la empresa privada es “más eficiente”. No obstante, la realidad es que la empresa privada es “más eficiente” porque es voraz, cruel e inhumana. Esto no significa en absoluto que los servicios que provean sean de mejor calidad, simplemente indica que serán capaces de maximizar sus ganancias. Por desgracia en nuestro país, las empresas estatales han sido saqueadas por el propio gobierno; no han sido manejadas con responsabilidad ni mucho menos con la intención de que sean competitivas. El plan es claro: entregar el estado a la iniciativa privada, siguiendo el modelo estadounidense. De esta manera, el estado es un mero administrador del orden social (mediante la represión mayormente) y no un garante de la estabilidad social y económica. ¿Cuál es el propósito de un gobierno sino el de proveer a su pueblo la seguridad que requiere? Si un gobierno no es capaz de brindar seguridad a su pueblo, ese gobierno simplemente no sirve. Para qué votar, para qué legislar, para qué tener un sistema de justicia si el país no recibe ningún beneficio de ello. Entonces, este gobierno no le pertenece al pueblo sino a las corporaciones que se benefician de él y por lo tanto, la idea de democracia es en realidad una falacia.

Como he expuesto en otras ocasiones [4], los tratados de libre comercio han fomentado el crecimiento económico de unos cuantos y empobrecido a la mayoría, no sólo en México, sino también en otros países que solemos considerar “de primer mundo”. Desde la entrada en vigor del TLCAN, México ha ido ganando pobreza y miseria; ha ido perdiendo soberanía alimentaria y energética. El peso se ha devaluado de manera estrepitosa y el poder adquisitivo ha decaído dramáticamente. Por otro lado, las tasas de interés bancarias a los préstamos individuales son cada vez más altas debido al “alto riesgo” que supone el préstamo según los banqueros en este país; la población se encuentra cada vez más endeudada. La vivienda digna es prácticamente inalcanzable. La salud se está convirtiendo en un lujo más que en un derecho. El sistema educativo se ha visto gravemente comprometido; la calidad de la educación está en decadencia; los egresados de hoy no encuentran fuentes de empleo; los investigadores recién egresados de los institutos no encuentran plazas de investigador para fomentar el crecimiento científico y tecnológico indispensables para alcanzar la soberanía nacional. Al momento, no existe un proyecto común de nación que nos guíe hacia el progreso y el bienestar social y económico.

Es claro que si no le ponemos un alto, esta espiral descendente continuará al punto de la completa descomposición social, donde la delincuencia será el común denominador y la inseguridad una parte integral de nuestras vidas.

La mejor receta para que las políticas de Trump no nos afecten es muy simple: recuperar la dignidad del pueblo mexicano. El desafío recae en la clase política y en el mismo pueblo que los elige.

Al final, la decisión última está en manos de los votantes [5]. Es verdad que hemos vivido numerosos fraudes electorales. Sin embargo, es importante mencionar que en general la diferencia de votos ha sido pequeña; es decir, es fácil cambiar la tendencia hacia uno u otro candidato. No es mi intención justificar la corrupción de la clase política pero se han preguntado ¿qué pasaría si en México saliera a votar al menos el 70% de la población votante y además, que el 80% de los electores votaran a favor de un candidato común? ¿Sería factible consumar el fraude? En realidad, sería prácticamente imposible pues una mayoría absoluta, es decir, el (0.7)(0.8)(100) = 56% de la población lo habría elegido.

Como siempre, invito a todos a informarse, a leer, a compartir la información que nos permita alcanzar la verdadera libertad de pensamiento y la autocrítica; generar conciencia, mejorar a nuestro país.

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Bibliografía

[1] http://www.turismobr.com/visas-y-permisos-para-ingresar-a-brasil/

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Dignidad

[3] http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

[4] https://politicaconciencia.astrosmxsftp.org/la-gran-tragedia-economica-de-mexico/

[5] https://politicaconciencia.astrosmxsftp.org/19/

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Un comentario en «Dignidad»

  1. Estoy de acuerdo: soberanía y dignidad. México perdió éstas desde hace mucho y sigue perdiendo lo poco que le queda. Desanima, sin embargo, no tengo claro cómo se recuperan. Creo que más importante, además de la insistencia en la democracia por medio del voto, es que nosotros, el pueblo, la recupere y fortalezca, porque debe ser desde el pueblo mismo de donde surjan los futuros gobernantes como representantes legítimos de nuestros intereses.
    Creo que el gobierno actual, que no nos representa, no es que no sea digno: sólo es digno cuando a sus propios intereses se refiere, y entre esos, no está ni estará México y su gente. Gracias por el artículo.

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