Testigos del nuevo orden

Cuando los acontecimientos se encuentran en pleno desarrollo, particularmente en situaciones de guerra, lo más complejo es verter opiniones o efectuar análisis objetivos que contribuyan a la comprensión equilibrada de los hechos. No solo porque la avalancha de información, desinformación y opiniones múltiples es descomunal, sino porque cada una se corona, a su vez, con toneladas de pasión que nos alejan, todavía más, del objetivo. Sin embargo, debemos intentarlo incluso a riesgo de equivocarnos.

La intervención militar rusa en Ucrania se presenta como reacción a una serie de acciones precedentes, llevadas a cabo por Occidente desde al menos el 2014, que atentan contra la existencia misma del Estado Ruso. En este contexto, llegamos a un escenario donde se está definiendo la configuración de poder en el mundo.

Algunos recordaremos especialmente el ahora histórico 24 de febrero. No dormimos durante la madrugada atestiguando, impávidos y a la distancia, el escenario que “nadie” quería pero que se veía venir: la puesta en marcha de la operación militar rusa en territorio ucraniano, luego de la petición de ayuda que efectuaron las repúblicas populares de Donbás y que la Federación Rusa aceptó con objeto de efectuar la “desmilitarización y desnazificación de Ucrania”, así como la protección de los habitantes ruso parlantes y pro rusos de los ataques de racismo, discriminación y violencia de los que han sido víctimas constantes desde hace 8 años. El impacto emocional y psicológico no se hizo esperar.

Bajo ninguna circunstancia, los seres humanos sensibles podrían dormir tranquilos frente a operaciones militares que, justificadas o no, provocan un alto sufrimiento a la población civil, lo que superará siempre a las ideologías y banderas. No obstante, también obliga a recordar con frialdad cómo opera el mundo y cómo es que se han hecho valer los derechos a lo largo de la historia cuando la “diplomacia” no funciona, a pesar del mundo onírico que se anhele. También ayudaría recordar a todos esos pueblos constantemente masacrados por Occidente, en el pasado, y en la actualidad, sin la mínima mención mediática y sin el honor de las plegarias y las lágrimas de cocodrilo de los compasivos del mundo, como ha sido el caso de los iraquíes, afganos, sirios, palestinos y yugoslavos (por decir algunos), con la salvedad de que ellos no contaron con la fuerza militar suficiente para defenderse ni mucho menos con el respaldo de los “informativos” dispuestos a mentir a su favor.

¿Qué se esperaba que ocurriera en realidad? Válgase un ejemplo que, obviando las diferencias proporcionales y resultantes, podría servir de ayuda si se toma con pinzas: el caso recuerda un poco a aquellos jóvenes que, siendo víctimas sistemáticas del hostigamiento físico y mental por parte de sus compañeros de escuela durante años, tras la nula capacidad de intervención efectiva por parte de los maestros y autoridades escolares, que tienden a aislarlos, juzgarlos y castigarlos en lugar de comprender y atender a sus demandas de respeto y seguridad, llegan un día a las aulas a “matarlos a todos”. ¿Culpables? Si la respuesta es sí, venga otra pregunta mejor, ¿únicos culpables? Repásense, por ende, los hechos:

  1. Esta guerra comenzó, por lo menos, desde 2014. Desde su inicio, se han contabilizado alrededor de 14 mil muertos, a pesar de los nunca aplicados y ahora extintos acuerdos de Misnk, firmados por Rusia, Ucrania, Donbás, Francia y Alemania (2014 – 2015), que anteponían la diplomacia como la solución a los conflictos frente a cualquier vía armada, empero, nunca ocurrió: el gobierno ucraniano pro nazi y antiruso, alentado por EEUU, estaba decido a recuperar el territorio del Donbás, exasperar entre hermanos el odio y volverse parte de la OTAN (mantenida para debilitar y destruir a Rusia), teniendo a este último como objetivo constitucional.

  2. Rusia constantemente protestó por el acercamiento e incremento acelerado de las bases militares de la OTAN en sus fronteras alegando cuestiones de seguridad, así como el respeto de los acuerdos que en los noventas, Occidente prometió a Gorbachov: la no ampliación de la OTAN hacia el Este a cambio de aceptar la unificación alemana, lo que la Rusia de Putin ha calificado constantemente como una vil violación de los acuerdos diplomáticos, así como el cruce de lo que su gobierno considera como sus “líneas rojas”. En ningún caso la OTAN se detuvo ni respetó los acuerdos, como en una especie de burla e indiferencia a las demandas rusas, en actos que pueden juzgarse como de ninguneo hacia Putin y el Kremlin. ¿Con quién creían que estaban tratando?, ¿con un gobierno latinoamericano?

  3. Vale recordar que el mismo Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró en días previos al inicio de la operación militar rusa en Ucrania, en un tono bastante “responsable” y “ético”, por no decir decididamente “diplomático”, que: “Si el objetivo del Kremlin es tener menos OTAN en sus fronteras, sólo conseguirá más OTAN”, respuesta solo esperable de un niño caprichoso. Y, paralelamente, Zelenski (actor de comedia y de ancestros judíos víctimas del Holocausto) alardeó de que Ucrania estaba reconsiderando su renuncia a la fabricación y posesión de armas nucleares y que las quería en su territorio, lo que terminó por destruir la “ecuanimidad y paciencia rusa”. ¿Por qué Rusia querría que en sus fronteras inmediatas se instalara armamento nuclear?

  4. Luego de múltiples e inútiles reuniones diplomáticas, en las que el resultado era la negación absoluta a las peticiones del Kremlin, sumado al hecho de que la OTAN y EEUU aumentaban en el ínter sus sanciones a Rusia e incrementaban el arsenal militar de Ucrania, Putin respondió positivamente a la petición de reconocimiento de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, regiones históricamente rusas, firmando también acuerdos de cooperación recíproca en todos los ámbitos.

  5. El 23 de febrero de 2022, Putin dio un discurso contundente en el que advirtió de serias consecuencias a todos aquellos que interfirieran con Rusia en la operación militar que se llevaría a cabo en Ucrania con el propósito de efectuar su desmilitarización y desnazificación, pero también como respuesta a lo que calificó como un genocidio perpetuado por parte del gobierno ucraniano y los ultranacionalistas nazis en contra de la población rusa del Donbás durante 8 años; “no nos dejaron otra opción”, dijo, en una alocución que inflamó las pasiones. Empero, por desgracia o por fortuna, según el ángulo con el que se mire, Rusia es una de las fuerzas militares y económicas más poderosas de nuestros tiempos, de modo que cuenta con la capacidad de hacer valer lo que considera sus derechos toda vez que la diplomacia fue apenas una pantomima. Cuando los intentos diplomáticos no funcionan, incluso peor, cuando una de las partes se siente no considerada, engañada y ninguneada a lo largo de los años, como puede interpretarse de los hechos, la respuesta militar empieza a convertirse prácticamente en la “única opción”, especialmente si se trata de un gobierno que se siente amenazado. Tenga por seguro que ningún miembro de la OTAN ni EEUU aceptaría los términos que querían imponerle a Rusia; recuerde también que a pesar de todo, en el momento de la verdad Zelenski y su gobierno fueron objetivamente abandonados por quienes decían llamarse sus amigos.

  6. En diversas ocasiones el presidente ruso explicó que de establecerse más bases militares en Ucrania, o de desarrollar y resguardar armamento militar nuclear o inclusive habilitar misiles hipersónicos de la OTAN, podrían alcanzar Moscú en apenas unos minutos, ¿realmente esto era tolerable? Más allá si el que reflexiona es “pro Occidente” o “pro Oriente”, “progringo” o “proruso” o demasiado sensible cuando escucha “¡invasión rusa!”, es enteramente comprensible la reacción del Kremlin e incluso justificable dentro del contexto, por mucho que lamentemos que todavía la vía militar siga siendo la que, en apariencia, “resuelva los problemas” cuando la diplomacia falla.

  7. Es indispensable recordar que los objetivos de la Alemania nazi no solo se enfocaban en el aniquilamiento de los judíos sino también de los eslavos, así como que el neonazismo crece significativamente dentro de Ucrania al igual que su espíritu antiruso incentivado artificialmente por la propaganda occidental. Baste recordar que en diciembre de 2021, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución propuesta por Rusia para “Combatir la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que contribuyen a exacerbar las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia”. Tras su votación, el resultado fue: 130 países votaron a favor, 49 se abstuvieron (incluidos miembros de la UE) y 2 naciones en contra: ¿quiénes?, Estados Unidos y Ucrania. Curiosamente, quien se atreve a señalar el nazismo ucraniano, es víctima de críticas despiadadas o de la puesta en duda de su conocimiento y su moral, pero las pruebas están a la vista de quien las quiera ver. Búsquese información de las grandes marchas pro nazis y de los asesinatos despiadados (como quemar viva a gente rusa, pro soviética o comunista) perpetrados por ucranianos que levantan banderas con símbolos nazis quedando siempre impunes. Con todo, también es fundamental subrayar que el neozanismo no representa a la totalidad de los ucranianos quienes en su mayoría, siendo también víctimas de la guerra, quieren y merecen la paz.

  8. El espíritu antiruso es de larga data. Recordar un artículo publicado por elDiario.es en el que llamó poderosamente la atención el caso de una historiadora que ponía en un pedestal de moral la vida de su padre, Teodoro Barabash, quien, según dijo, luchó para que Ucrania tuviera una “vida normal”, así como la democracia, la libertad, los derechos humanos y su entrada en la OTAN. Pero las contradicciones comenzaron cuando se reveló que, de todos los lugares posibles para exiliarse luego de la Segunda Guerra Mundial, Teodoro eligió a la España de Franco para refugiarse. Repentinamente, entonces, salió a relucir quién fue Barabash: un colaboracionista nazi de la 14.ª División de Granaderos Waffen-SS (voluntarios ucranianos para luchar contra la Unión Soviética). El descubrimiento forzó al mencionado diario a retirar el artículo así como a pedir una disculpa pública. Lo importante de esta anécdota es que muestra la calaña de los personajes que algunos celebran y admiran en Ucrania. ¿Por qué esto sí es tolerable?

No pueden aplaudirse las intervenciones militares en ningún caso. Sin embargo, es fundamental escapar de los argumentos totalitaristas del tipo “blanco o negro”, pues las cosas humanas solo se comprenden correctamente desde las escalas de grises. Es mentira que EEUU y la OTAN sean el bien en sí mismo y que solo hayan beneficiado a la humanidad, como tampoco lo es que Rusia sea el mal encarnado en el “zarista rancio” de Putin y viceversa. No obstante, cuando la inmensa mayoría de la “información” pro occidental señala a Rusia, y por tanto a su pueblo y a su presidente, como la única responsable y mala de este cuento, cuando se olvida la historia, se le niega y se le tergiversa, sumado al hecho de que quieren determinar la existencia de víctimas más “valiosas” que otras, se genera una situación de absolutismos de la que no podemos ser cómplices. Tampoco se trata de realizar una defensa a ultranza y acrítica de Vladimir Putin y del gobierno ruso, pero sí es la intención mover hacia reflexiones más mesuradas, motivando a que se busque la versión rusa para conocerla y considerarla.

Por su naturaleza destructiva, nunca han existido vencedores reales en la guerra, por lo que de ninguna manera puede defendérsele, pero existe un hecho que sí puede destacarse pese a todo: el nacimiento de una nueva era. Somos testigos del surgimiento de un nuevo mundo verdaderamente multipolar. Las fuerzas del orbe se equilibran, dejando de existir un único actor que pueda acabar con culturas y pueblos de un plomazo, sin resistencia, como había sido hasta ahora desde la disolución de la Unión Soviética. Ahora son tiempos de negociación al tú por tú entre múltiples ejes, y, aunque no parezca desde la superficie, en el fondo eso siempre será mejor que el totalitarismo, el pensamiento único o la unipolaridad.

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Un comentario en «Testigos del nuevo orden»

  1. Tengo 59 años y desde muy joven ,siempre ví como culturas milenarias ( países árabes), fueron destruidas a manos de Estados Unidos y con la OTAN so pretexto de democracia, pero sin embargo fue su forma de mantener su economía siempre estabilizada. Hoy van detrás de Rusia para desmembrarla por esos mismos interés, por eso el jaque mate a Rusia

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