La amenaza rusa, Ucrania y el mundo

La verdad es una entidad relativa, escurridiza. Para descubrirla, hay que mirar con mente crítica los datos disponibles, evitando concatenarlos de forma que lleven a conclusiones apresuradas. Cuando se trata de manipular, la mentira se maneja a conveniencia y es indistinguible de la verdad. En estos casos, nada es lo que parece ser, aunque los condicionamientos de la mente lleven a creerlo así.

Como una voz solitaria que para hacerse oír ha de superar el estrépito de fondo, las palabras que está por leer van en contra de la corriente ideológica dominante en el llamado mundo occidental. Desafían pues lo establecido solo por no ceder a la inercia de lo que se asume como verdad. Esta última, por cierto, no es una entidad absoluta. Si lo fuera, sin importar el ángulo desde el que se mirara, sería percibida de la misma manera por cualquier observador, desde cualquier posición, en cualquier momento de la historia. Por el contrario, se trata de una entidad relativa, cambiante; la verdad de hoy no es la de ayer, ni tampoco será la del mañana. La verdad de ellos no es la nuestra, ni viceversa. La verdad se construye a conveniencia, sobre todo cuando permite seducir y por ende, controlar. Nuestra verdad se siente mejor si es la de la mayoría, aunque sea una falacia en sí misma. Mentira y verdad se traslapan volviéndose indistinguibles para la mirada ingenua1.

Una sola palabra es capaz de precipitar en la mente un torrente de conceptos previamente definidos. ¿De dónde vienen? De las experiencias, directas o indirectas; de aquello que nos influye, de lo que otros dicen, mas rara vez de un esfuerzo consciente por dilucidar la esencia del mundo que nos rodea. Rusia, dicen. ¿Qué imagen conceptual aparece en su pensamiento al escuchar el nombre de dicha nación?

El mundo presencia el desarrollo de una guerra no convencional que se libra por lo menos en dos grandes escenarios: el informativo, donde los grandes medios buscan controlar la opinión pública imponiendo una sola visión del mundo, y el del campo geográfico, donde los soldados de a pie y la artillería encuentran su lugar; todo ello, por supuesto, embebido en una batalla brutal en el plano económico y en el ciberespacio, ambos lugares comunes de la guerra moderna.

La aparente simplicidad de la frase “conflicto ruso-ucraniano” es meramente un espejismo. Es la punta de un témpano que despliega su enormidad bajo la superficie. El fondo no es Ucrania. Aquí se disputa la hegemonía de los Estados Unidos y el dominio del mundo. Siendo así, las víctimas y los victimarios no son necesariamente los que parecen, tampoco los invasores ni los libertadores.

Tras la disolución de la Unión Soviética, Estados Unidos se benefició de un periodo de hegemonía en una escala que pocos imperios han vivido. Sin otra potencia capaz de oponerse a sus planes de dominio, el país norteamericano fue expandiendo su esfera de influencia a todo el orbe, sin resistencia alguna. La soberbia se apoderó de él; después de todo, el capitalismo a la usanza norteamericana había triunfado. Con esto en mente, pronto se aprestó a conquistar todos los rincones de este mundo que aún se le resistían, primero influyendo en los países que pertenecieron a la Unión Soviética a fin de alejarlos del campo de influencia de Rusia. Hizo lo propio con Europa, América Latina, Asia y África.

Sin embargo, subestimó a su adversario predilecto y sobrestimó las bondades de su capitalismo. Rusia, contra todo lo esperado, resurgió de sus cenizas tal cual ave fénix. Imparable, comenzó su recuperación económica y militar a un ritmo que no pudo ser previsto. Tras pocos años recuperó su estatus de potencia mundial, volviendo a frustrar los planes de la otrora potencia hegemónica. Luego, otros actores entraron al ruedo. China se alzó como un gigante económico, superando constantemente las marcas no solo en este ámbito. Siguió la agudización de las contradicciones del sistema económico capitalista. Al día de hoy, Estados Unidos experimenta un endeudamiento sin precedentes2 3 4 5, en el marco de una desaceleración económica que se extiende a un gran número de países6 7, con una crisis energética que lo ensombrece todo. Más pronto de lo que esperaba, la potencia imperial perdió hegemonía; en efecto, el mundo se volvió multipolar. Pero para un país como el norteamericano, esta redistribución del poder no es aceptable pues su visión no admite la posibilidad de un mundo con liderazgos compartidos. Su pensamiento es, en los hechos, totalitario y de naturaleza fascista. Todo modelo que diverja del suyo, será entonces catalogado como “enemigo de las libertades y de la democracia”.

El objetivo quedó entonces trazado: a toda costa se ha de destruir a Rusia, país que, dicho sea de paso, es el único capaz de hacer frente a los Estados Unidos, de forma simétrica, en lo militar. Para este país, la nación eslava es injustamente grande, poseedora de riquezas que no merece, razones por las cuales debe ser fragmentada (misión pendiente de cumplir desde la URSS)8 9. No obstante, después de la eficaz intervención del ejército ruso en Siria, debió ser claro para los estadounidenses que su objetivo no sería fácil; se enfrentarían a un rival nuevamente poderoso al que, desde luego, no podrían permitir su fortalecimiento.

Desde hace años, los esfuerzos por frenar el desarrollo de Rusia se han centrado en las siguientes líneas de acción:

  • Reescritura de la historia: tiene como objetivo minimizar e incluso nulificar la aportación de la Unión Soviética a los grandes procesos científicos, culturales y sociales del siglo XX. Por ejemplo, a través de los medios de comunicación y la industria cinematográfica, se ha conseguido presentar a los Estados Unidos como el gran liberador de Europa y vencedor del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. El método ha sido tan exitoso que en la actualidad muchos desconocen el heroísmo y papel definitorio jugado por el Ejército Rojo en la derrota de la Alemania nazi. Pero más grave es que ahora se acusa a la propia URSS de ser la responsable de dicha conflagración mundial, incluso minimizando el papel de los propios nazis.

  • Exacerbación de la rusofobia: a través de los medios masivos de difusión y el inmenso poder de las redes sociales digitales dominantes, se presenta a Rusia como la encarnación del mal; una nación gobernada por un tirano sediento de poder y de conquista; el enemigo de la humanidad, de la paz y de la civilización. Luego, es el enemigo común por vencer.

  • Desestabilización del espacio postsoviético: busca alejar a las exrepúblicas soviéticas de la esfera de influencia natural de Rusia. Paralelamente, llevar a la OTAN a las fronteras del país eslavo a fin de cercarlo. Esta operación se justifica en el axioma de la “amenaza rusa”. El golpe de estado perpetrado en Ucrania en 2014, antecedente directo del conflicto actual, o el intento de revolución de colores en Bielorusia, son ejemplos de este modus operandi. La desestabilización de los vecinos de Rusia, lleva a ésta a tener que aumentar su gasto en defensa militar en detrimento del beneficio social.

  • Silenciamiento de la voz rusa: consiste en restringir o en suprimir los medios de comunicación rusos en todo el mundo, de forma que la gente forme su opinión sobre los acontecimientos únicamente a partir de las fuentes autorizadas por occidente: CNN, Deutsche Welle, France 24, BBC, por mencionar sólo algunas. El cierre de RT en Alemania, o el bloqueo de medios como Sputnik en redes sociales digitales como Meta (Facebook), son solo algunos ejemplos. Los medios rusos son catalogados como “agentes extranjeros” o como “medios financiados por el gobierno ruso”, pretendiendo que tal condición le reste credibilidad. Vale la pena recordar que la veda informativa suele ser preludio de guerra.

  • Sanciones económicas: cada vez que Rusia frustra alguno de los planes de los Estados Unidos, sobrevienen sanciones económicas, las cuales son impuestas por este país o por los miembros de la Unión Europea que están bajo control norteamericano. Se trata de un mecanismo que, basado en guiones preconcebidos, impone restricciones en lo económico para obstaculizar, frenar o contraer la economía rusa. El objetivo último es la destrucción del país eslavo por asfixia económica.

  • Guerra mediática abierta: Consiste en la alineación ideológica de la inmensa mayoría de los medios masivos de comunicación occidentales, a fin de presentar un bloque informativo insuperable, mediante el cual todos los medios involucrados presentan la misma visión respecto a los supuestos acontecimientos. En este caso, “la amenaza rusa” es el factor común, con variantes que se dosifican según convenga, como “la inminente invasión rusa”. En este contexto, es prácticamente imposible para el ciudadano común formar un criterio equilibrado o que se aleje, aunque sea mínimamente, de la visión que interesa a los Estados Unidos.

Ucrania, cuyo origen e incluso ubicación geográfica son desconocidos por un sector no despreciable de los ciudadanos occidentales, transitó hacia su estado actual mediante un golpe de estado que impuso mediante lujo de violencia a un gobierno ilegítimo, del cual se deriva el actual. Ninguna supuesta democracia avanzada habría avalado jamás un gobierno de semejante calaña si las motivaciones fueran, efectivamente, la defensa de los valores democráticos. Mucho menos cuando en su seno yace el monstruoso germen del nazismo.

Las motivaciones reales de este conflicto, que es artificialmente creado, pueden hallarse en el afán del gobierno de los Estados Unidos por contener el crecimiento de Rusia y por alejar a Europa de Rusia. El bloqueo de facto del gasoducto Nord Stream 210 11 es un ejemplo claro del sabotaje perpetrado no solo contra la nación eslava, sino contra los países europeos que dependen de este energético para subsistir. Al final, sin el gas ruso, tendrán que depender de los norteamericanos. Como se había dicho, Ucrania no es la causa de la situación que mantiene al mundo en vilo: se trata de un país débil con altas tasas de emigración (mayormente a Rusia)12, en la ruina económica, con un gobierno títere, usado como herramienta para consumar los objetivos de la ingeniería geopolítica de los Estados Unidos. En este sentido, conviene recordar que desde el golpe de estado en el 2014 (basado en la promesa de integrar a Ucrania en la Unión Europea13), las condiciones económicas y sociales del país solo han empeorado debido fundamentalmente a los altos niveles de corrupción del gobierno ucraniano. No obstante, el bloque europeo, usando como excusa la supuesta “amenaza rusa”, se vio obligado a aprobar una ayuda macroeconómica a fin de retrasar lo inevitable14. Paradójicamente, los países aliados de Ucrania la empujan hacia el abismo. La fragmentación de este país está a la vista.

La Unión Europea, en el lapso entre la caída de la URSS y el resurgimiento de Rusia como potencia mundial, perdió su gran oportunidad de erigirse como una entidad independiente de los Estados Unidos, con peso político propio. Tristemente, en su afán por contener la supuesta “amenaza rusa” (antes la “amenaza soviética”), se vio en los hechos “invadida” militarmente por el país norteamericano, quien tiene cientos de bases militares asentadas en territorio europeo, así como miles de soldados en plena disposición de combate15. Ante tal realidad, sorprende que el enemigo del mundo sea Rusia. Pero más lamentable resulta la patética actitud de sumisión de la Unión Europea ante unos Estados Unidos decadentes, que al parecer preferirían destruir al mundo entero antes que ver perdida su hegemonía. ¿Acaso los países europeos olvidaron ya el abismal sufrimiento de la guerra y están dispuestos a revivirla en su propio territorio?

Ubicación de la República Popular de Donetsk y de la República Popular de Lugansk. Ambas recientemente autoconformadas, surgen como oposición a los planes de ingeniería geopolítica de los Estados Unidos, así como reacción a las agresiones perpetradas contra la población rusa a través del gobierno y grupos neonazis ucranianos.

La “inminente invasión rusa” de Ucrania es, ante todo, una construcción propagandística. Rusia, un país que aún padece los estragos de una población contraída por la pérdida de millones de vidas durante la Segunda Guerra Mundial, no tiene interés en una guerra fratricida. Los lazos de hermandad entre los pueblos ruso y ucraniano, pese a la propaganda que hace parecer lo opuesto, son profundos e históricamente sólidos. Rusia nunca agredirá a Ucrania. Sin embargo, Estados Unidos sí podría empujar al gobierno ucraniano a una aventura militar de este tipo. No obstante, sería una confrontación perdida. De ninguna forma el ejército ucraniano tiene capacidad para enfrentarse a Rusia frontalmente. Por lo tanto, lo que puede venir es una guerra diferente, más sofisticada, que se libraría en lo político, lo informativo, en el sabotaje, en la guerrilla urbana y en la agresión sistemática a la población civil.

La conformación de las repúblicas de Donetsk y Lugansk es una reacción directa a la penetración de Estados Unidos en un país frágil que luchaba por subsistir; es resultado de la propaganda que creó un conflicto con tintes étnicos donde no existía, uno en el que los rusos han de ser exterminados; es producto de la agresión sistemática de los Estados Unidos y sus países rémora contra Rusia. Pero en el mundo al revés, el agredido se vuelve el agresor y viceversa.

Por difícil que resulte, es indispensable admitir que la economía de las potencias imperialistas depende del conflicto eterno. La guerra no es otra cosa más que el negocio de los llamados países “civilizados”. Siendo así, es claro que no puede haber lugar para la paz. Y no la habrá mientras el sistema económico no cambie; no la habrá mientras exista el concepto de superioridad o excepcionalidad de una nación o de un sistema político o económico sobre otro.

En el marco de las tensiones en torno a Ucrania, acecha una nueva gran conflagración en Europa, mas no se ha producido porque Estados Unidos sea el gran defensor de los derechos humanos ni porque la Unión Europea, con el sufrimiento de dos grandes guerras a cuestas, sea la garante moralmente obligada de la paz en el mundo; no ha estallado porque en Rusia hay un gobierno que no ha olvidado el inmenso dolor de la guerra. No ha estallado porque Rusia ha sabido encajar todos los golpes, algo que a menudo se confunde con debilidad. Pero no hay que engañarse. Toda olla de presión puede alcanzar su límite de resistencia. Occidente no debe olvidar que Rusia no es débil y que se defenderá implacablemente. Se está jugando con fuego y si como ciudadanos del mundo no aprendemos a distinguir la verdad de la mentira que está al servicio de la guerra, seremos cómplices de lo que podría ser el inicio del fin de la humanidad.

No hay guerra moderna librada entre grandes potencias de la que pudiéramos salir bien librados, de modo que la posibilidad de la extinción de nuestra especie, y la de muchas más, se asoma nuevamente en el horizonte. Estados Unidos, como fiera agonizante, da violentos zarpazos por doquier; es ahora más peligroso que nunca. Hoy es Rusia y Ucrania, mañana quizá, China y Taiwán. Si no exigimos a nuestros gobiernos detener la absurda ambición por el dominio del mundo, al final lo perderemos todo. Ojalá que los ciudadanos del mundo despertemos del letargo intelectual; ojalá que la Unión Europea sepa distinguir el albur que Estados Unidos le plantea; ojalá que el pueblo ucraniano enfrente al gobierno que pretende hundirlo en el más profundo dolor; ojalá que Rusia siga mostrando el temple que la ha caracterizado por el bien de la humanidad; ojalá que demos una oportunidad a la paz.

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Bibliografía

4.7/5 (10)

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Un comentario en «La amenaza rusa, Ucrania y el mundo»

  1. Excelente artículo. Es un alivio encontrar artículos que planteen una visión distinta de aquella con la que los medios hegemónicos nos bombardean. Ese discurso del “bien contra el mal” en donde el bien siempre es EEUU y el mal todos aquellos que tienen ideologías distintas es infantil, pero, ¿por qué será tan poderoso? Me imagino que por la ignorancia o el poder de la manipulación. Es necesario difundir este tipo de textos con carácter de “urgente”, porque si no, le estamos haciendo flaco el favor a los imperialistas para destruir el mundo. Muy agradecido con el autor y enhorabuena, me gusta lo que hace pero tenía tiempo que no lo veía publicar. Adelante.

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