Los vivos como veleta al viento: Día de Muertos

La tradición de Día de Muertos no representa la negación a la muerte; en todo caso, la muerte no se sirve como sinónimo de la nada o de la tristeza; de lo obscuro o de la crueldad. Antaño, ha teñido al otoño de momentos de calidez y riqueza cultural.
Las tradiciones no sólo son valiosas porque reflejan las concepciones de los pueblos, sino porque éstas influyen en la construcción y en el fortalecimiento de lo que su gente tiene, y posiblemente tendrá, en la cabeza. Ésto último es muy importante.

            Cuando los medios globalizadores quieren que respondamos a una única concepción del mundo (normalmente entre más hueca mejor), casi sin darnos cuenta -o con penosa indiferencia- dejamos atrás valores entrañables y elevados por contenidos triviales y malévolos: veletas al viento que adoptan acríticamente falsos y peligrosos valores.

            Repaso y repaso por qué dentro de un momento histórico como el que vive nuestro país, adoptamos con más ímpetu tradiciones que celebran el miedo, la angustia, la violencia y la maldad; ¡la podredumbre!, por decir lo menos.

            ¿Por qué nos placen prácticas ajenas que no dejan nada al cultivo del espíritu y de la razón? Un fenómeno interesante toda vez que devastador: ¿celebrar lo que más lastima? Incluso la “educación” se está convirtiendo en una especie de amalgama “bicultural” mal hecha, en donde los profesores, y también los padres de familia, mezclan sin ton ni son, y mucha calabaza, dos tradiciones de entrada incompatibles.
El 24 de octubre del presente año, en la ciudad de México, se efectuó un recorrido de zombis desde el Monumento a la Revolución hasta el Palacio de Bellas Artes: caras descarnadas, sangre escurriendo, cuchillos atravesados, sierras descuartizadoras y ojos colgando… ¿Para qué? ¿Se les ha olvidado que esas divertidísimas escenas son una diaria realidad en nuestro país?

            Supongo, con tristeza, que quienes celebran el Halloween es porque no les ha pasado absolutamente nada aterrador o no han perdido a un ser amado de una forma igualmente espeluznante… No saben, o el egoísmo no se los permite, que México no necesita disfrazar la realidad para salpicar los cuerpos de sangre: está pasando, todo el tiempo, sin el mínimo rastro de fantasía.

            ¿En dónde está la empatía por las víctimas entonces?, ¿qué pensarán o sentirán aquellas al ver la forma en la que celebramos y disfrutamos una muerte aterradora y su resurrección? Y no me refiero a la conmemoración a la muerte, sino al tipo de muerte conmemorada.

             Día de Muertos ha sido una tradición que por sus características propias fomenta valores; entornos de paz, cultura, color y sabor; fiesta, convivencia armoniosa, alegre y familiar… Recuerdos de amor y respeto por los muertos; un amor y respeto por la muerte que, en el México tradicional, implica, de facto, el amor y respeto por la vida: ¿no habría de ser eso más imperioso ahora que nunca?

            No hay que dar paso sin huarache en la toma de decisiones: nunca es baladí cuando nos transformamos irracionalmente en otra cosa. Existen elementos culturales que favorecen aspectos positivos en las mentes de los seres humanos, pero existen otros que no: ya nomás por su mensaje “oculto”, ya nomás por su terrible y peligrosa “trivialidad”: no hay que menospreciar el contenido que les subyace.
Ser más autocríticos con el disfraz que decidimos usar. Pensar en por qué intercambiamos una tradición de valores por una falta de contenido espiritual… Es posible que no sepamos lo que hacemos; empero, también es factible que refleje lo que traemos por dentro.

             ¿Qué pasaría, por lo tanto, si intentáramos que nuestros actos estuvieran regidos -en un mínimo suficiente- por la reflexión y por un genuino intento por comprender lo que pasa en nuestra vida, y en la de los demás, con cada una de las conductas que “decidimos” seguir cual veleta al viento? Ésto es lo que quiero decir.

            Y es que meditar en las consecuencias no sólo como individuo sino como colectividad; no sólo para el presente sino para el futuro, podría hacer la diferencia… Pues si bien es cierto que hay mucho que México debe mejorar, no es menos cierto que tiene mucho qué rescatar, proteger y encomiar: la tradición de Día de muertos es una de esas grandes cosas, no sólo para nosotros sino para el resto del mundo.

Originalmente publicado en La Jornada Veracruz, el 31 de octubre del 2015

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