Perversidad en la carretera

No quiero escribir un relato; en realidad, tampoco un cuento de terror: prefiero la esperanza. Quiero pensar en la historia; en nuestra historia. No quiero hablar por unos cuantos, sino por todos: por quienes me lo pidieron y por quienes no. Menos, todavía, deseo hacer una denuncia; ¿sería tan ingenua? No obstante, hay algo útil e indispensable en la reflexión: actuar en consecuencia.

            ¿Cuál es la diferencia entre el odio, la perversidad y la indiferencia? ¿Serán la versión más pura de maldad? ¿Será, acaso, una conjugación entre la antipatía y la aversión hacia los otros, la corrupción del alma para destruir las otras? No sentir nada: ni inclinación ni repugnancia.

            Existen hechos pérfidos en las carreteras de todo el país. Deplorables. Y he sabido en particular de unos que tragan sangre por la vía rápida Puebla-Perote 140 D; por ahí del kilómetro 85; pasando, más o menos, cinco kilómetros de la Caseta Cantona. Señalaría, en especial, entre la Caseta Cantona y la Caseta Cuapiaxtla como un área de alto riesgo. Pero abarca más: mínimo, la zona del Pizarro, Tepeyahualco, Mancuernas; etc.

            Camiones de pasajeros, tráilers, coches particulares, motos: cualquier vehículo es el objetivo de la perversidad. Sus pasajeros, su corporeidad y todo lo material, también… No la puedo describir; no puedo. Es amorfa; efímera; contundente. Yace enjaulada en cuerpos que parecen ser de humanos, pero no lo son: se viste de negro, usa pasamontañas; tiene pólvora en las garras. A veces es piadosa, muchas otras, no.

            De diversos modus operandi, usa el ingenio. De día o de noche no le importa. Está protegida… Las ruedas andan con cándida seguridad mientras que la perversidad les extiende su ennegrecido manto: descompone tú vehículo para hacerte detener. Es creativa: sea que te deje caer rocas desde los cerros; sea que éstas caigan en el parabrisas y te hagan reventar; sea que deje algo sobre el asfalto que poncha las llantas… O sea que, cual puntería de francotirador, les dispare para hacerlas estallar; lo hará: te detendrá.

            Comenzará su asecho con sigilo. Te sorprende; te levanta cual insignificante peso… Te lleva cuesta arriba, violenta; te sube a los cerros, inhóspitos; arenosos y obscuros, de vegetación desértica; estratégicos. Y te pondrá ahí, en una planicie, donde no hay señal…

            Nadie te verá, nadie te escuchará; casi nadie sabrá: excepto el diablo que, vestido de azul, deambula por ahí con los ojos parpadeándole rojiazul. Disfrazado de ayuda, vil colaborador: ¡gritarás, gritarás! Pedirás ayuda; rogarás… Pero nadie te auxiliará.

            Te somete pecho tierra; con las manos sobre la nuca, te inmoviliza. Juega contigo: física y mentalmente te tortura; te debilita… Te deja ciego. Si descubre alguna debilidad la potencializará; abusa: si usas lentes te los quitará y ya no verás; si eres anciano, cual trapo te convertirás; si eres joven, se servirá. Te disfrutará, ¡vaya que lo hará!

            Su accionar es estratégico; uno que alude a saberes específicos; a la experiencia: esa que sabe cómo, qué hacer y qué decir; esa que, cobarde, te empuja con sus armas de fuego sobre la cabeza y el corazón. Con esas que, nomás estando ahí, las sientes en lo profundo: lo entiendes.

            A los hombres los subyuga física y mentalmente. A las mujeres, también; más aún, las viola: sea que la perversidad te viole convertida en un par de cuerpos, cubiertos y deformes; obscuros; o sea que lo haga a través de diez, lo hará.

            Evidenciándose de inmediato la estratificación de poder y la organización entre los cuales se divide la perversidad; las horas pasan mientras te quita todo. Esperarás -anhelarás- la finitud. El concepto de vacío cobrará sentido…

            … Y es ahí, cuando te inunda la ausencia que verás a las estrellas aún brillar. ¿Qué era aquello? ¿Acaso la fuerza espiritual? Esa que, tan desdeñada y ridiculizada hoy, nos falta. Pues nada tiene que ver con dogmas, religiones o instituciones. Ni siquiera es conceptual: mas cuando nada físico, mental ni material te quede; ¡aguanta!, que verás de dónde nace el valor.

            Y es que cuando no hay razón que te ayude a comprender; cuando no hay fuerza física ni mental para luchar; cuando el pánico se sumerja en tu torrente sanguíneo; cuando por primera vez entiendas quién eres y de lo que eres capaz; cuando le veas dilatadas las pupilas a la muerte, excitada, ¡resiste!

            ¿Mas cómo resistirte? Permítame sugerir:

a) si detecta que algo le han hecho a su vehículo y éste se ha dañado, no se detenga bajo ninguna circunstancia; b) en tal caso y si necesita repararlo, avance lo más que pueda; aléjese; c) vaya a un sitio que le parezca el más seguro, pero no se quede ahí; d) aunque le queden nomás los rines o lleve los cristales rotos, váyase; e) llame de inmediato a algún familiar, informe de lo ocurrido y dé su ubicación. Manténganse en comunicación durante todo su viaje; f) de pasarle algo, que éstos pidan auxilio. El tiempo es vida; g) si no hay señal, inténtenlo hasta lograrlo, insista: comuníquese; h) lleve un equipo de supervivencia, pero nunca a la vista; i) no lleve grandes cantidades de dinero; tampoco todas sus credenciales o tarjetas bancarias; mucho menos sus datos personales. Evite llevar objetos de valor. Viaje con lo mínimo y más sencillo; j) confíe en usted mismo y en su intuición; evite hacer algo que lo exponga; k) no viaje de noche, no ver siempre será peor. Viaje de día, no de madrugada, de día. Evite viajar de ida y vuelta, eso aumentará el riesgo; l) si le pasa algo, vaya de inmediato a un centro de salud. Mucho se puede hacer para que ésto no se ponga peor, sobre todo, en relación a su salud: sepa que se le puede desviar el paso al SIDA. Sólo tendrá 72 horas luego de una violación o contacto sexual de alto riesgo; apúrese; m) viaje siempre descansado; vaya fuerte, no se brinque las comidas: no menosprecie la posibilidad de que pueda necesitar de toda su fuerza física y mental. Esto aplica tanto si usted es pasajero o conductor; n) si alguien le pide ayuda en el camino, pero no se siente seguro de detenerse, incluso así puede ayudar: avise de inmediato. Use su imaginación; sobre todo, su corazón; ñ) lleve los números de emergencia; o) acuérdese de que, por la autopista o por la libre, sucede igual. Acuérdese, además, de que no importa el tipo de vehículo, da igual; p) créase esta historia porque es real; q) quítese la soberbia de que “esto no le va a pasar”; esto es serio; es en serio… Pero con todo y si le ocurre, por favor, ¡cabeza fría y corazón hinchado!

            … Agregar páginas a una historia trágica y perversa que aumenta por doquier, con variadas formas y estilos, duele; agota. Mexicanos contra mexicanos; hermanos contra hermanos. Así está diseñado: los victimarios y las víctimas tienen el mismo color de piel, este que es café con leche y nopal. Víctimas de víctimas de un sistema que se derrumba a pedazos y el que a la par, perpetuamos.

            Y entonces nos parece que ya no hay camino. ¿Por dónde andar, en quién confiar, a dónde ir? México, envenenado de desesperanza; drogado de indiferencia, ignorancia y desconfianza. Obligado a mamar el odio; el rencor y la venganza: mas “el odio no se puede combatir jamás con el odio, sino con el amor” (Buda). ¡Perdonar a cambio de la libertad! Empero, hay que matar primero al egoísmo: que en esta estamos todos juntos, por sobrevivir.

Con amor, a las víctimas.

Originalmente publicado en La Jornada Veracruz, el 5 de mayo del 2015

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Mónica Magaña Jattar

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