Ayúdenme a ayudar a Toto

En días previos, el equipo de Política ConCiencia recibió una solicitud para publicar un texto dirigido a la comunidad, en el que se pide la participación del lector a fin de acopiar experiencias y conocimientos que permitan hallar soluciones que coadyuven al restablecimiento de la salud de Toto. En el mejor ánimo de brindar este apoyo social, a continuación se reproduce el texto.


Por la mejor amiga, guardiana y protectora; mamá de Toto.

Por la familia de Toto.

Introducción

Toto es uno de mis perros, los cuales son mi familia, mi compañía y una parte esencial de mi bienestar y felicidad, como supongo que yo soy de ellos. Los amo profundamente y me siento absolutamente responsable por su seguridad, bienestar, salud y felicidad. Abandonarlos, desde cualquiera de las acepciones que ese término pueda tener, jamás será una opción para mí: estoy con y para ellos hasta el fin de la misma forma en que ellos lo han estado para mí… Dicho lo anterior, confío en que el lector entenderá por qué procedo como lo hago a continuación.

Necesito ayuda para restablecer la salud de Toto, mi perro más joven, quien ya no sólo necesita del cariño mío y de su familia, sino también de la opinión del ojo experto. Busco, además, casos clínicos similares a través de los cuales sea posible atar cabos que permitan encontrar posibles respuestas y soluciones. Junto con mi familia humana, un par de excelentes veterinarios y los buenos deseos de mis mejores amigos, he hecho lo que he podido para ayudarlo, pero hemos llegado a un momento complejo de la situación en el que necesitamos no sólo de la buena voluntad de quienes lean esta historia, sino de la experiencia y del conocimiento de especialistas, así como de los posibles guardianes de sus mascotas que, como nosotros, hubieran vivido una experiencia similar.

Quisiera dejar claro que los esfuerzos por recuperar la salud de Toto no han sido improvisados. Por el contrario, siempre se han llevado a cabo bajo una atenta supervisión médica. En este sentido, las experiencias que transmito, así como los comentarios que se pudieran compartir aquí, no pretenden suplantar la labor de los profesionales de la medicina, sino únicamente coadyuvar a su honorable labor cuando las opciones comienzan a agotarse.

Hay muchas razones que me motivaron a escribir esta carta y quizá no haya necesidad de explicarlas demasiado; tal vez inocentemente, busco, a través de la publicación de esta historia, encontrar la ayuda que necesitamos y brindarla a gente que pudiera encontrarse en la misma búsqueda. Así pues, hago un llamado a la comunidad de especialistas, médicos o médicos veterinarios, así como a las personas comunes que como yo hayan vivido alguna experiencia similar con su perro o mascota, a compartir sus experiencias, brindarme su orientación y compartir su conocimiento, de tal suerte que podamos encontrar la solución. No sobra decir que la única opción que tengo en mi mente y en mi corazón para Toto es la de salvaguardar su vida. O, dicho de otra forma, luchar para que viva sano y feliz. Confío en que alguien, al menos uno, podrá ayudarnos.

A continuación encontrá dos versiones, una abreviada y otra extendida en formato PDF, en las que se describen los sucesos relacionados con el problema de salud que presenta Toto. Ambas contienen información complementaria, de modo que, si le es posible, no dude en leer las dos.

Si tuviera comentarios o información que puediera sernos de utilidad, no dude en compartirlos en la sección de comentarios o escribiendo al correo de contacto de esta página de Internet. Asimismo, le agradeceremos enormemente que comparta este documento entre sus familiares, conocidos y todo aquel que considere pueda ser sensible a esta situación.

Versión abreviada

Antecedentes

Los acontecimientos descritos abarcan el periodo comprendido entre el 15 de mayo y el 26 de junio de 2017.

Toto es un perro mestizo de dos años y medio de edad. Su constitución recuerda en gran medida a la de un pastor belga malinois. Su peso aproximado es de 30 kilogramos. Fue rescatado de la calle siendo apenas un cachorro, probablemente de dos meses de edad. Está castrado, hecho concretado cuando tenía entre seis y siete meses de vida. En general, hasta antes de presentarse las complicaciones médicas que estamos por describir, siempre hizo gala de una excelente salud. Se trata de un perro noble y juguetón, si bien en un principio exhibió ciertos problemas de conducta caracterizados por exabruptos de agresividad, los cuales fueron superados exitosamente.

Dieta

En un principio, gozaba de una alimentación muy variada. Consistía principalmente en croquetas Proplan de salmón, primeramente para cachorros y luego, en concordancia con su desarrollo, para adultos (el cambio tuvo lugar hace poco más de seis meses). Adicionalmente, consumía alimentos típicos de la dieta humana: carne de res, atún, hígado de res y ocasionalmente pollo, los cuales solían acompañarse de tortillas y arroz. Entre las verduras habituales se encontraba el chayote, la zanahoria y la papa, todas cocidas previamente. Debido a que en su hogar se hornea pan integral con regularidad, también lo consumía, a menudo endulzado con miel. No obstante, la mayoría de estos alimentos fueron retirados de su dieta desde principios de abril del año en curso.

Primeros síntomas

Un semestre atrás, partiendo del mes de mayo del 2017, comenzó a presentar una anormalidad en la piel de su nariz. A primera vista, se trataba de una especie de resequedad que, con el paso del tiempo, parecía extenderse gradualmente. Inicialmente, el problema se atribuyó a las condiciones climáticas del lugar de residencia; el ambiente es seco, por lo que los problemas de resequedad de la piel son comunes.

Con el paso del tiempo, el mal se agravó. La piel afectada comenzó a cuartearse, a la vez que la resequedad se extendió hacia el contorno de los ojos. Ahora podían observarse lo que parecían ser “verrugas”. También se hizo manifiesta la comezón que experimentaba, pues se rascaba tanto la nariz como el ojo.

En primera aproximación y en espera de acudir con su veterinario de cabecera, el problema se atendió buscando minimizar su exposición a la radiación solar en las horas en las que es más intensa (se sospechaba de cierta fotosensibilidad). También mediante lavados con una infusión de árnica. Esta última mostró ser altamente efectiva pues la resequedad comenzó a desaparecer; la mejoría de la piel fue evidente. No obstante, el tratamiento casero no pudo continuarse debido a la dificultad para conseguir esta planta medicinal. Seguidamente, el problema de la piel reapareció con fuerza. La mejoría observada con la aplicación del árnica hizo pensar que quizá se tratara de un problema infeccioso.

Primera visita al veterinario y el empeoramiento subsecuente de la situación

En su ciudad natal, Toto cuenta con un médico veterinario de confianza, quien no solo ve por su salud sino también por la de todos los perros de la familia. No obstante, en su lugar de residencia, que es donde pasa la mayor parte del año, tenía un médico veterinario con quien acudía para atender cuestiones menores tales como la aplicación de sus vacunas.

Como consecuencia del agravamiento del mal en la piel de su nariz, se decidió llevarlo con este médico a fin de empezar un tratamiento lo más pronto posible. Tras una primera inspección, el veterinario pareció encontrarse seguro de la causa del problema. Partiendo únicamente del aspecto de las lesiones en la nariz y en el contorno de los ojos, dijo que debía tratarse de lupus, o quizá de algún otro problema de la piel, pero que todo apuntaba a un trastorno autoinmune. Luego, advirtió que si bien deberían hacerse estudios, entre ellos una biopsia, era posible aplazarlos y comenzar a medicarlo desde ese momento pues, “ya fuera lupus o algún otro problema de la piel, el tratamiento sería el mismo”. Debe decirse que no realizó ninguna exploración adicional como medir su temperatura corporal, revisar su corazón ni nada semejante. Así pues, procedió a recetar 50 mg de prednisona de uso humano cada 12 horas por vía oral hasta la remisión de las lesiones. Luego, habría que reducirla a ¾ de tableta y acudir a revisión. Adicionalmente, indició la administración de ranitidina, vitamina E y de Brosín Ungüento de uso veterinario (para los detalles de la prescripción, por favor remítase a la versión extendida de esta historia clínica). Puesto que próximamente viajaría a un lugar cálido y húmedo, se le pidió un auxiliar preventivo para el control de las pulgas; recetó entonces Frontline sin hacer ninguna advertencia de posibles interacciones medicamentosas.

El tratamiento comenzó el miércoles 5 de abril, entre las 22 y las 23 horas, con la ranitidina, la tableta de 50 mg de prednisona, la vitamina E y el ungüento. A la mañana siguiente, entre las 10 y las 11 horas, se le dio la siguiente toma. Al principio, todo parecía transcurrir con normalidad. Sin embargo, alrededor de dos horas después, comenzaron a notarse efectos adversos apreciables como cambios de ánimo, de energía y en su conducta general. Respiraba agitadamente y no se levantaba; parecía sofocado y deprimido.

De inmediato, se notificó lo sucedido al médico. No obstante, no atribuyó los cambios observados a los medicamentos sino al calor que en ese día hacía. Arguyó también que la literatura médica indicaba una altísima seguridad en la administración de la prednisona y que los efectos adversos, los cuales reconoció justo como los que se notaban en su paciente, sólo se presentaban después de tratamientos muy prolongados. Lo cierto es que los cambios negativos eran evidentes. Así, después de un intercambio intenso de razonamientos, indicó suspender por un día la administración de la prednisona pero insistiendo en que al día siguiente debía continuarse con ella (media tableta por la mañana y media por la noche). Asimismo, se debía seguir dosificando el resto de los medicamentos.

En la mañana del viernes, se le notaba mejor aunque no estaba del todo bien. Con todo, se procedió a dar los medicamentos conforme lo indicado. No habiendo pasado ni una hora tras la ingestión de la prednisona, se presentaron los mismos efectos adversos. Más tarde, alrededor de las 16 horas, se le aplicó el medicamento antipulgas (Frontline).

Cerca de la una de la mañana del sábado, se le dio la siguiente dosis de prednisona. Pasados unos 15 minutos, sobrevino lo que ahora sabemos fue su primera crisis convulsiva. Se caracterizó por una rigidez inicial de su cuerpo, tras la cual se produjeron movimientos bruscos e involuntarios acompañados por la expulsión de orina, materia fecal y grandes cantidades de saliva espumosa. Tuvo una duración cercana a los 10 minutos, lo cual se conoce con un suficiente grado de certeza.

Cerca del medio día del mismo sábado, después de volver de un pequeño paseo, se suscitó un nuevo episodio convulsivo de características similares pero con una duración menor; entre 3 y cuatro minutos. Tras lo ocurrido, se estableció comunicación con el veterinario (también se hizo después de la primera crisis), quien en esta ocasión sugirió que lo sucedido podría estar relacionado con una reacción adversa al Frontline, la cual, según dijo, podía caracterizarse por cuadros convulsivos. En este punto, la confianza en el médico estaba prácticamente destruida.

Se tomó entonces la decisión de bañarlo a fin de eliminar los remanentes del Frontline que aún pudieran permanecer sin ser absorbidos. Esto ocurrió cerca de las 13 horas. Luego, hacia las 20 horas, después de levantarse súbitamente por el ladrido de un perro vecino, sucedió una tercera convulsión con las mismas características que las precedentes, aunque menos intensa y más breve.

Transferencia del caso a un nuevo médico; primeras sospechas

Tras todo lo ocurrido, se decidió trasladar a Toto a su ciudad natal a fin de que fuera atendido en la clínica de su médico veterinario de cabecera.

Las evaluaciones médicas subsiguientes indicaron que sus signos vitales y estado general de salud eran estables. No obstante, era claro el abatimiento provocado por las recientes convulsiones. Tras explorar los acontecimientos, además de haberse evidenciado los errores de procedimiento cometidos por el primer médico, las sospechas se centraron en la dosis de prednisona como agente causal de los cuadros convulsivos. Según los médicos que ahora llevaban el caso, habitualmente los tratamientos con este medicamento se realizan con dosis típicas de 5 mg al día, sobre todo por sus posibles efectos adversos a largo plazo. Por contraste, la administración inicial fue de 100 mg, a lo que habría que sumar el contenido de la misma sustancia presente en el ungüento. También se exploraron otras posibilidades como la interacción medicamentosa con el Frontline, así como otras condiciones médicas que pudieran explicar el cuadro observado. Dentro de estas consideraciones, se hizo énfasis en que los estudios para determinar la causa del mal de la nariz, así como el estado general de salud del perro, debieron haberse hecho primero y antes que recetar cualquier tratamiento. Paradójicamente, la alta concentración de los corticoesteroides presentes en su cuerpo en ese momento, ahora impedían la realización de los estudios clínicos debido a que producen alteraciones orgánicas que con toda seguridad inducirían falsos positivos o negativos en los resultados. En ese punto, fue necesario esperar a que su cuerpo se desintoxicara lo mínimo suficiente para poder comenzar a tener algunas respuestas.

Paralelamente al cuadro convulsivo, el estado de su nariz experimentó una evolución que fue de una mejora notoria tras la aplicación del ungüento, hasta un empeoramiento después de su suspensión por la posible intoxicación que sufría por causa de la prednisona. Para mitigar el mal, el cual había avanzado hasta producir que las lesiones de la nariz comenzaran a infectarse, el 10 de abril comenzó un tratamiento con antibiótico (cefalexina). Los efectos positivos fueron evidentes. En efecto, la piel de la nariz mejoró sustancialmente y las lesiones en el contorno de los ojos desaparecieron.

Características de los cuadros convulsivos

Los episodios convulsivos se mantienen. Tras los tres primeros, se han venido presentando recurrentemente, llegando a exhibir tendencias de regularidad notorias, las cuales parecen verse afectadas por eventos relacionados con la administración, modificación o suspensión de ciertos medicamentos.

Sus aspectos característicos pueden sintetizarse del modo siguiente:

  • Las crisis ocurren en grupos compuestos por uno, dos o tres eventos convulsivos independientes separados temporalmente por lapsos de horas, aunque sin superar las 24. La configuración más frecuente es la de grupos integrados por tres convulsiones (Gráfico 1).

  • Los grupos de convulsiones ocurren en promedio (mediana) cada 6 días y 22 horas; hasta el momento, al menos un grupo cada semana civil, con excepción de la comprendida entre el 9 y el 15 de abril (Gráfico 2).

  • Existe una clara diferenciación entre los días en los que se manifiestan las convulsiones y aquellos en los que no. El día en el que suceden (día de convulsión) siempre está precedido por otro en el cual, sin haber convulsión, se observan cambios de comportamiento caracterizados por presencia de ansiedad, intranquilidad general, disminución de la energía o ciertas actitudes aparentemente erráticas como el moverse de un lugar a otro sin razón evidente. Estos síntomas constituyen el preámbulo de todo episodio convulsivo.

  • En un día de convulsión, por regla general, el primer evento del grupo de convulsiones se suscita justo después de la realización de esfuerzos intensos o bruscos e inesperados. Por ejemplo: después de subir corriendo las escaleras, o bien, cuando un ruido interrumpe su sueño profundo, seguidamente se levanta y corre para averiguar lo que sucede. Tras esta combinación de factores, sobreviene la crisis. Note que esto ocurre si, y sólo si, es un día de convulsión; de no ser así, no importa la brusquedad de la acción, no se presenta ninguna. Las convulsiones subsiguientes dentro de un grupo (segunda o tercera) pueden suceder en cualquier otro momento y sin causa evidente, aunque sí hay cambios de conducta que le anteceden.

  • Los grupos de convulsiones tienden a estabilizarse en patrones regulares cuando no se modifica la administración de ciertos medicamentos, como en el caso del periodo comprendido entre el 19 de mayo y el 2 de junio, en el que se manifestaron invariablemente cada viernes (Gráfico 3).

  • Una convulsión comienza por una serie de gesticulaciones erráticas en las que tiende a retraer los labios, exhibiendo así gran parte de las mandíbulas. Asimismo, efectúa chasquidos con el hocico. Sobreviene un estado de rigidez corporal, tras el cual se desploma sobre uno de sus costados. Luego, comienza a realizar movimientos bruscos e incontrolables (las extremidades parecen pedalear), los cuales se acompañan por la expulsión de orina y excremento sólido. También expulsa grandes cantidades de saliva espumosa. Cuando cesan los movimientos violentos, se produce un estado ansioso en el que respira agitadamente durante algunos minutos.

  • Hasta el 26 de junio del 2017, ha presentado un total de 31 convulsiones.

Gráfico 1. Muestra el número de convulsiones por grupo convulsivo, representado aquí por cada barra vertical. Los datos abarcan el periodo comprendido entre el 8 de abril y el 26 de junio de 2017.

 

Gráfico 2. Muestra el tiempo transcurrido entre el comienzo de un grupo convulsivo y el comienzo del siguiente. Los intervalos se miden en días. Los números 1, 2, 3, etc., se refieren al primer grupo, segundo, tercero y así sucesivamente. Los datos abarcan el periodo comprendido entre el 8 de abril y el 26 de junio de 2017.

 

Gráfico 3. Muestra el número de convulsiones ocurridas por semana civil (lunes a domingo) en el periodo comprendido entre el 8 de abril y el 26 de junio de 2017.

Estudios realizados

El 25 de abril se le realizó una biopsia de la zona afectada de la nariz. La muestra de tejido se obtuvo 18 días después de la última administración de la prednisona, buscando minimizar la influencia de esta sustancia.

El resultado reveló que el padecimiento era un proceso inflamatorio crónico cuyo diagnóstico diferencial fue una dermatitis por hipersensibilidad tipo I o IV.

Los análisis sanguíneos mostraron todos sus valores dentro de los rangos normales o esperados. Asimismo, dadas las sospechas de un posible hipotiroidismo, se analizaron los niveles de T4 en sangre, si bien estaba claro que la prednisona podía haber alterado sus valores. Los resultados estuvieron dentro de los límites de referencia, aunque más cerca del inferior que del superior (20.5 en un rango de 12 a 50).

En tres ocasiones, su corazón fue sometido a revisión. Todo se halló normal. Asimismo, la exploración neurológica dio resultados normales.

Tratamientos posteriores y efectos observados

Prednisona

Tras la biopsia de la nariz, los médicos consideraron que valía la pena realizar un tratamiento con prednisona, pero esta vez sujeto a las dosis recomendadas. Ello permitiría, por un lado, tratar el problema previamente descrito y, por otro, explorar las reacciones a este medicamento. Con muchas reservas, el miércoles 26 de abril a las 11 horas se le administraron 5 mg (Meticorten). Una hora después, se presentaron los efectos adversos que ya hemos mencionado: su estado de ánimo decayó, su respiración se agitó y comenzó a babear ligeramente. Asimismo, presentó escurrimiento nasal. A las 12:30 horas sobrevino una convulsión; la segunda ocurrió a las 15:00 horas y la tercera se presentó el jueves 27 de abril a las 7:55 horas (note que no había presentado ningún episodio convulsivo desde día el 19 de abril). La reacción observada evidenció la intolerancia a la sustancia. El medicamento se suspendió definitivamente, quedando claro que no podía ser usado bajo ninguna circunstancia.

Hipotiroidismo

Motivados por la historia clínica y dados los resultados de la T4 en los que el valor obtenido se hallaba más cerca del límite inferior que del superior, se encontraron razones suficientes para comenzar un tratamiento de apoyo por ser considerable sujeto sospechoso de hipotiroidismo. Así pues, el jueves 11 de mayo se comenzó la administración de una tableta y media de Tyro – Pet’s de 0.4 mg cada 24 horas. La dosis fue menor que la exigida por su peso pues se buscó avanzar con mucha cautela. Se programó entonces un nuevo análisis para evaluar los niveles de T4 pasados dos meses a partir de esta fecha. En los días subsiguientes se observó un decaimiento de su estado anímico. Por otra parte, la zona afectada de la nariz mostró una mejoría incipiente. A partir del 19 de mayo (aproximadamente una semana después del inicio del tratamiento), se estableció un patrón en el que los grupos convulsivos compuestos de tres episodios se presentaban cada viernes. La administración del Tyro-Pet’s se suspendió el 27 de mayo; se requieren más datos para justificar la continuación de su administración.

Homeopatía

En la búsqueda de una solución que contribuyera al mejoramiento de su salud pero sin las complicaciones de los efectos secundarios, se decidió iniciar un tratamiento homeopático primeramente con el objetivo de desintoxicar su organismo y coadyuvar al restablecimiento de su sistema nervioso central. Se comenzó pues el día 20 de mayo de 2017. En los días subsiguientes, se observó una mejora notoria en la que los estados de ansiedad desaparecieron, lo que le permitió volver a dormir y con ello recuperar sus energías. Las episodios convulsivos se hicieron más breves y el estado de confusión que sobrevenía tras cada uno de ellos prácticamente desapareció. La recuperación ocurría prácticamente de forma inmediata.

El miércoles 7 de junio se comenzó un segundo tratamiento, esta vez dirigido a tratar las convulsiones como tal y a mejorar el estado de su nariz. Cuando se inició, los grupos convulsivos compuestos por tres episodios habían venido ocurriendo invariablemente cada viernes. Tras la primera administración, el patrón se modificó pasando de tres crisis convulsivas a una en la semana comprendida entre el 5 y el 11 de junio. El día 12 de junio, el medicamento se agotó. Como consecuencia, las convulsiones volvieron a manifestarse: una el lunes 12 y dos el miércoles 14. En este punto se rompió la regularidad observada en las semanas previas. El jueves 15 del mismo mes, se retomó el tratamiento. No obstante, no se observó una mejoría como la de la primera vez. El siguiente grupo convulsivo ocurrió el martes 20 de junio (un evento), el siguiente el miércoles 21 (un evento) y otro más el domingo 25 compuesto por tres episodios (dos el domingo y uno el lunes 26).

A pesar de los altibajos, debe decirse que hasta el momento, el tratamiento homeopático es el que ha dado los mejores resultados. Es por ello que actualmente se está buscando una nueva combinación de medicamentos, esta vez centrados exclusivamente en tratar el problema de las convulsiones.

Elidel

Para apoyar el proceso de sanación de la nariz, se buscó hacer uso de una crema carente de esteroides pero capaz de producir resultados terapéuticos similares. Bajo la supervisión de los médicos veterinarios, el 14 de junio se comenzó un tratamiento con Elidel crema. Los resultados han sido hasta el momento muy favorables, aunque de avance lento.

Modificaciones en la dieta

Se observó que la salud de la nariz empeoraba después de ingerir las croquetas de salmón para adultos (Proplan). De hecho, tras cada comida de este tipo, le sobrevenía una comezón intensa. El prurito duraba varios minutos hasta que, gradualmente, desaparecía. La observación de dicha conducta fue suficiente para retirar por completo este alimento de su dieta, lo cual ocurrió el 21 de mayo. Los resultados fueron drásticos y muy favorables. La comezón anormal tan intensa no ha vuelto a presentarse y las lesiones cerca del contorno de los ojos desaparecieron por completo. Tenga en cuenta que tales cambios favorables ocurrieron antes de comenzar el tratamiento de apoyo con la crema Elidel. Si bien es pronto para establecer conclusiones definitivas, parece haber una relación entre la dermatitis en su nariz y la ingesta de este tipo de croquetas.

En términos generales, puede decirse que su dieta ha sido modificada en su totalidad. Actualmente, ha incorporado caldos de hueso de res, por sus propiedades beneficiosas para el sistema nervioso central y la avena, la cual ha favorecido que no padezca de estreñimiento.

Tabla 1. Presenta la información relativa a la ocurrencia de los cuadros convulsivos y su relación con los procedimientos médicos realizados.

Versión extendida

Historia clínica de Toto
4.4/5 (5)

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5 comentarios para “Ayúdenme a ayudar a Toto

  1. Reyna
    27 junio, 2017 at 10:18 am

    Mama de Toto, el tratamiento homeopatico es preferible. Los alimentos elaborados en casa es lo indicado, NO a las croquetas. Evitar la ingesta de muchos medicamentos porque su combinacion lo intoxican. Yo con mi perra regrese a los remedios caseros y logre que viviera 15 anios sobrellevando su terrible problema en los dos oidos que nunca lograron curarle.
    Mis consejos no se refieren al caso de Toto, solo son generalidades. Pero sentimentalmente estoy acompanandolos para que con paciencia logren la mejoria que necesita. Estoy con ustedes.

    • Mamá de Toto
      30 junio, 2017 at 10:50 am

      Hola, Reyna. Aprecio mucho tus comentarios. Son muy valiosos. En efecto, es preferible la comida hecha en casa y tratamientos como la homeopatía, incluso alternativos. Uno no suele darse cuenta de estas cosas hasta que ve a su mascota amada en peligro e intenta todo para ayudarle. Es así como uno llega, casi de forma inevitable, a cambiar su estilo de vida dramáticamente. Toto es muy joven, menos de tres años, así que espero que podamos curarle con todos estos cambios. Muchas gracias.

      • Mamá de Toto
        30 junio, 2017 at 11:11 am

        Nos da mucho gusto que tu perrita haya vivido 15 años gracias a tu amor y cuidados. Eso nos motiva y nos da esperanza con la vida de Toto. Mil gracias.

  2. Erendira Huerta
    27 junio, 2017 at 3:57 pm

    Gracias por tan detallada descripción, es muy útil para las personas que tenemos mascotas. Me gustaría ver la reacción de todas las personas que afirman que la homeopatía solo tiene un efecto placebo porque Toto no tiene idea el origen de los diversos tratamientos y al parecer el tratamiento homeopático es el mejor en su caso.
    Una duda, será que las convulsiones las desencadenó el medicamento mal administrado? O, como en el caso de algunos seres humanos, empezaron sin razón aparente a partir de cierta edad? Me refiero a que el cuadro de convulsiones estaba ahí silencioso y algo las desencadenó.

    • Mamá de Toto
      30 junio, 2017 at 11:09 am

      Hola, Eréndira. Muchas gracias por tus comentarios. Tienes toda la razón, y creo que es un comentario muy interesante el que has hecho: ¿cómo justificar el efecto placebo en las mascotas que no están predispuestas psicológicamente? La homeopatía, en mi opinión, por la experiencia humana y con mis mascotas, es una alternativa real y altamente beneficiosa.
      Nos da gusto que consideres valiosa una publicación tan detallada, pues precisamente tenemos la intención de que sea útil para otros casos semejantes, e implicó realmente un esfuerzo elaborarla.
      Tú siguiente pregunta es muy importante y no tengo una respuesta certera, no obstante, sí te puedo decir lo siguiente: Toto manifestó cambios en su salud y conducta a las pocas horas de administrarle la prednisona. Yo quería quitársela de inmediato, pues Toto empezó a jadear, moquear, babear, agitarse y a estar cabizbajo de forma notoria, se quedó echado y ya no se movía igual ni reaccionaba igual, pero el veterinario no me dejó retirársela. Al cabo de tres días de administración, comenzó con las convulsiones.
      Es verdad que, como en los humanos, la epilepsia, o cuadros de este tipo, se pueden manifestar a cualquier edad, pero por experiencia propia puedo decirte que, aún siendo eso verdad, siempre hay señales previas. Un ejemplo de ello es cómo los pacientes de epilepsia, una vez diagnosticados, o una vez que se manifiesta con plenitud su enfermedad, afirman que “ahora entienden por qué les pasaban cierto tipo de cosas antes”, es decir, siempre hay algo antes, algo “raro” o “diferente” que ellos sentían, aún cuando la enfermedad todavía no se manifestaba con totalidad. Cuando se manifiesta, esas características previas cobran sentido. Pero ya había algo antes… Yo no soy experta ni mucho menos, pero no conozco casos, habría que investigar, en donde un problema neuronal se manifieste sin que haya habido ningún tipo de señal que lo advirtiera en los años o días anteriores a la vida del paciente. Al menos, claro, que fuera un golpe o algo que lo haya provocado.
      En el caso de Toto, jamás manifestó algo raro con su salud o con su estado neuronal, por el contrario. Eso, en combinación con la reacción inmediata que tuvo a la prednisona, sumado a otros casos que hemos escuchado que se parecen mucho, nos hace sospechar que fue el medicamento lo que lo dañó.
      Sin embargo, tu pregunta es legítima y nos mantenemos abiertos a la posibilidad. Seguimos investigando. Muchas gracias por tu comentario.

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