Austeridad

Cuando oímos la palabra “austeridad” por lo general pensamos en bajar costos o gastos en la economía, ya sea en la familiar o en la que atañe a países completos. Solemos decir, necesitamos ser más austeros para salir a adelante… para ahorrar, para pagar deudas, etc. Esto es parcialmente cierto cuando se trata de la economía de un país.

Cuando un presidente dice que aplicará medidas de austeridad, efectivamente se refiere a que recortará gastos e invertirá sólo en rubros “importantes”. Pero, ¿qué implica “recortar gastos”? Uno ingenuamente podría pensar que el gobierno recortará en sus gastos administrativos como, bajar los sueldos de los funcionarios públicos con mayor remuneración o que habrá recorte de personal… Si, por desgracia muchas veces sí se incluye el recorte de personal, pero de los que menos ganan. En la práctica, la austeridad no incluye bajar los sueldos de los altos funcionarios públicos; es decir, de aquellos que ganan más de 30 mil pesos al mes. Ellos nunca, jamás, harán recortes en ese rubro. ¿Entonces, dónde se hacen los recortes? Bueno, para la mala suerte del pueblo, los recortes siempre se hacen en el gasto público; en otras palabras, en los servicios que el gobierno está obligado a otorgar a su población, como lo son: la educación, la salud, las pensiones, créditos al campo, transporte, agua, luz, en fin, en todos aquellos rubros que incluyen un servicio al pueblo. Esta es la razón por la cual podemos ponernos a temblar cuando un gobierno anuncia sus nuevas políticas de austeridad.

Algunos privilegiados pueden darse el lujo de pasear y no preocuparse por el resto del mundo; otros, mucho menos favorecidos, deben conformarse con lo que la madre naturaleza puede ofrecerles. En las sociedades capitalistas los que menos tienen no importan.

¿Qué significa la austeridad para los países del mundo?

Para responderlo, veamos uno de los mejores ejemplos de austeridad de los últimos tiempos: el caso de Grecia.

El plan de austeridad impuesto sobre Grecia por la troika europea, es decir, por el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea (CE), contempló desde sus inicios recortes sobre las pensiones de los jubilados y el gasto público: educación, salud, vivienda, subsidios a los servicios públicos, entre tantas otras imposiciones [1, 2, 3]. Es, de hecho, el mayor generador de pobreza en la población y de mayor riqueza en las clases verdaderamente adineradas. Esto se explica por el simple hecho de que, a cambio de otorgar dinero para rescatar “la economía”, la troika exigió la privatización de muchos sectores importantes de la administración pública del país heleno. Por ejemplo, el estado ya no se hará cargo de las pensiones. Ahora, las empresas privadas serán las encargadas de administrar el dinero correspondiente a las pensiones de los jubilados, lo cual implica que parte de las ganancias obtenidas por los intereses de las inversiones hechas con dinero del pueblo, se quedarán en manos de los privados y no del estado, quien sí usaría el dinero para invertir en obra pública. Además, muchas de estas empresas basan sus movimientos financieros en los de las bolsas de valores, lo que genera mucha incertidumbre sobre el destino de las pensiones.

Otra de las privatizaciones requeridas por la troika es la de la banca, exigencia que supone una de las peores transgresiones contra la soberanía de un país. Sin banca pública, cualquier nación queda completamente indefensa ante las adversidades del mercado, tanto interno como externo. Por ejemplo, si un gobierno carente de banca pública se atreviera a subir los impuestos a las grandes corporaciones, como por ejemplo los bancos, éstos podrían fácilmente boicotear la medida clausurando sus sucursales con el único fin de paralizar la economía de ese país. Tras el cierre, la gente se enfrentaría a una grave crisis de abastecimiento derivada de la incapacidad para adquirir los insumos necesarios para la subsistencia por la falta de acceso al recurso monetario, tal como sucedió en Argentina en el año 2001 [4] o como podría volver a suceder hoy en día. Por otro lado, la banca privada no tiene el menor interés en otorgar créditos justos para el desarrollo de una nación. Parte de la función de la banca pública es la de proveer créditos con muy bajo interés a los menos favorecidos, como campesinos o pequeños empresarios, con el objetivo de incentivar la economía interna de un país; situación que contrasta con la forma de proceder de la banca privada, la cual otorga créditos con mucho interés a quienes estima “capaces” de obligarse a pagar durante largos periodos de tiempo, fomentando así el endeudamiento colosal de los más necesitados. No contar con una banca pública, sin duda pone en riesgo el desarrollo de un país.

En el caso de Grecia, mucho del dinero otorgado por la troika debe ser utilizado para rescatar los sectores “estratégicos” ya privatizados, entre los cuales se encuentra la banca. Con esto vemos que se trata de un negocio redondo para los dueños de las finanzas del mundo. Prestan dinero sujeto a tasas de interés para que un país rescate a la inversión privada, no a su pueblo. A partir de aquí, es éste quien debe ajustarse el cinturón para enfrentar la subida de los impuestos y la bajada de la calidad de los servicios públicos, por órdenes del prestamista (la troika), pues se tiene que “ahorrar” lo más que sea posible para poder pagar la deuda contraída. Así, Grecia como España han terminado convirtiéndose en países pobres de la Unión Europea [5, 6]. Su gente ha perdido muchos derechos, desde los laborales hasta el de una vida digna. Muchos han sido expulsados de sus hogares por no poder pagar sus hipotecas. Por la falta de empleo, han tenido que subsistir privándose de los servicios básicos como el gas, la luz, y el agua, aun en los inviernos más fríos. Han tenido que prescindir de los servicios médicos pues sin empleo no hay derecho a ellos; mucho menos pueden pagar uno privado. El futuro parece desalentador… muchos países están sujetos a tales políticas deshumanizadoras, donde el ser humano es otro bien que puede ser comprado, vendido o explotado.

Lo que la historia nos está mostrando es que el paquetazo neoliberal, es decir, las medidas de austeridad, no son más que un verdadero salvavidas de plomo (citando al gran periodista Walter Nelson Martínez Martínez) para los países que intentan salir de atoyadero. No sólo no resuelven ningún problema, sino que se endeudan más a raíz de la “ayuda” recibida.

Cuando un país recibe ayuda del extranjero en forma de dinero, por lo general se puede concluir que no es por altruismo. A cambio, el país tendrá que pagar, no sólo la deuda contraída en dinero más los intereses, sino que deberá ceder los servicios públicos a los inversionistas privados, cuya intención primaria siempre será hacer negocio u obtener ganancias; es decir, enriquecerse a costa de las necesidades humanas: la salud, la vivienda, la educación, la alimentación, el transporte, los servicios de agua, luz, gas, comunicaciones, entre tantos otros. De esta forma, el estado deja de ser el defensor de los derechos de sus ciudadanos y se convierte en rehén del capital.

En México, la deuda externa, o bien, la deuda contraída con otros países, está en crecimiento todo el tiempo, no sólo por los intereses generados por el préstamo en sí o por las devaluaciones sucesivas, sino también porque hemos seguido recibiendo tales “ayudas”. Sólo por mencionar algunas cifras, la Deuda Externa Total Ajustada (DOD), que es la deuda que para fines prácticos sirve como indicador a nivel internacional, era de 7,097.30 millones de dólares (mdd) en 1970, de 86,274.70 mdd en 1982, de 152,260.40 mdd en el 2000 y de 417,897.90 mdd en 2015 [7, 8].

De esto se sigue con mucha más claridad que las reformas estructurales implementadas en México son la culminación del fin de un Estado que proteje a sus ciudadanos. Son justamente las medidas que el gran capital requiere para poder lucrar a costa de la población regular, que somos todos nosotros. México es uno de los países con mayor desigualdad en América Latina [9], y está sólo por debajo de Argentina con el gobierno de Macri. Así, podemos concluir que las medidas de austeridad no significan otra cosa más que la reducción de los beneficios y la seguridad que otorga un gobierno a su población.

Es nuestro deber exigir austeridad en la administración pública en cuanto a los sueldos de los funcionarios de los niveles más altos. No es sostenible tener un gobierno de ricos con un pueblo de pobres, donde los gobernantes viven en una burbuja llena de comodidades y el pueblo muere de hambre. No debemos permitir que esta brecha de desigualdad se siga incrementanto. Como mexicanos, tenemos la obligación de apoyarnos mutuamente, de informarnos, de aprender todos los días sobre los temas que nos afectan, de enseñar lo que aprendimos y de impulsar a otros a seguir estos pasos. Es importante que no perdamos la esperanza. Existen dos caminos para hacer los cambios: uno es el pacífico, en las urnas, eligiendo a los funcionarios que sí están comprometidos con el país (aunque sean pocos) para lo cual necesitamos primero conocerlos; la otra, es la vía armada… Mexicanos, ¿cuál elegiremos?

Bibliografía

[1] http://www.lavanguardia.com/economia/20150628/54433081110/troika-publica-medidas-exigia-grecia-tsipras-rechazo.html

[2] http://www.troikawatch.net/es/que-es-la-troika/

[3] http://internacional.elpais.com/internacional/2016/04/04/actualidad/1459790362_177089.html

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_de_diciembre_de_2001_en_Argentina

[5] http://www.sdpnoticias.com/internacional/2015/10/16/espana-y-grecia-los-paises-mas-pobres-de-la-ue-desde-2008

[6] http://www.lne.es/economia/2012/12/03/espana-paises-pobres-ue/1335974.html

[7] http://mexicomaxico.org/Voto/DeudaExtMexico.htm

[8] http://www.indexmundi.com/g/g.aspx?v=94&c=mx&l=es

[9] https://actualidad.rt.com/actualidad/178889-mexico-datos-mostrar-extrema-desigualdad

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2 comentarios para “Austeridad

  1. Lagartija
    18 enero, 2017 at 11:35 am

    Muchas gracias por el artículo. Me parece muy importante la reflexión respecto a la “austeridad”. Por sentido común, todos entendemos lo que eso implica, y uno espera que quienes deben aplicar un verdadero sentido de la austeridad son, por mucho, los que tienen demasiado a costa de los que tienen poco o nada. Pero, como bien apunta la autora, esto no es así. Por el contrario: quienes tienen que ponerse austeros, siempre son los que tienen menos, o sea, nosotros. Me pregunto, ¿qué se puede hacer para pelear contra esta situación? Se siente mucha impotencia. Recuerdo muy bien cuando la Gaviota, o primerísima dama de México, fue austera al no comprarse otro vestido para el Grito de Independencia, o algo así. Un vestido que de entrada es carísimo; pero para ellos, el que no se compara otro y, ¡se pusiera el mismo dos veces!, es una muestra evidente de su bondad, conciencia y altruismo hacia la situación que enfrenta el país. Casi parece una burla. Lo es… El ejemplo de Grecia me parece buenísimo. De hecho, da miedo. Ojalá esto no ocurra pronto.

  2. Ernesto Alpuche
    27 enero, 2017 at 11:43 am

    Muy interesante artículo, porque esto es precisamente lo que enerva mas al pueblo, el ver como tenemos que apretarnos el cinturón, mientras la clase política, que parece realeza, se inflan cada día más los bolsillos, si TODOS estuviéramos jodidos, habria mas solidaridad con nuestros gobernantes, pero una vez más, la ignorancia del pueblo, en gran parte culpa del mismo estado, juega el papel más importante, porque lo mas sencillo, solo para tomar una posición fácil, en vez de informarse, es decir que todos los políticos son iguales.

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