Las alianzas entre disímbolos, ¿estrategia válida y justificable?

Se entiende por alianza toda unión, liga o pacto de individuos o sociedades para alcanzar determinados fines o lograr propósitos comunes a todos los que participan en ella. Las ha habido en todo lugar y época. Si observamos un poco lo que sucede actualmente en el ámbito internacional, nos daremos cuenta que las naciones pactan entre ellas con harta frecuencia.

Pero echando también un vistazo a la historia universal, descubrimos que en todos los tiempos las naciones han celebrado alianzas para lograr finalidades ofensivas o defensivas, y que las ha habido en lo general de tres tipos: las de sangre, muy frecuentes en siglos pasados, que permitieron la formación de grandes imperios mediante herencias y matrimonios; las ideológicas, surgidas de principios religiosos, afinidades culturales, doctrinas políticas, económicas, etcétera, que conducen a la formación de bloques relativamente homogéneos (veamos, por ejemplo, a la Unión Europea que, aun con desavenencias frecuentes entre sus miembros, se sostiene en sus propósitos fundamentales); y las de intereses, de naturaleza efímera, ya que se forman y disuelven con mayor facilidad. Estos tres tipos (de sangre, ideológicas y de intereses) suelen aparecer, combinándose en proporciones diferentes, en todas las alianzas de la historia.

¿Encontraríamos una liga más extraña y con efectos tan perdurables que la que se dio hace casi 500 años entre tlaxcaltecas, los verdaderos consumadores de la conquista de México-Tenochtitlan, y el puñadito de españoles aventureros que se adjudicaron y aprovecharon el triunfo de aquella dolorosa guerra entre pueblos culturalmente afines? ¿No pactaron a finales de los años treinta del siglo pasado los chinos Mao Tse Tung y Chiang Kai Shek, enemigos irreconciliables entre sí, para expulsar de su patria al invasor japonés?

Por supuesto que las alianzas pueden estar motivadas por previsiones de corto o largo alcance, ruines o nobles, de lo cual no voy a hablar ahora. Solo pretendo mostrar que nada las impide, por mucha diferencia que haya entre sus integrantes, y estimo necesario apoyarlas si lo que las anima se orienta al beneficio de los pueblos. Las rechazan quienes ven en ellas un riesgo a su permanencia en el poder o las consideran un obstáculo a sus aspiraciones de alcanzarlo, o quienes, quizás por consideraciones de pureza ideológica, se olvidan de las enseñanzas de la historia.

Alianza entre dispares está en curso entre el PAN y el PRD para luchar juntos por la gubernatura de Veracruz, Zacatecas y Durango y para conservar el gobierno de Oaxaca. Dos partidos que tienen claro que si cada uno pelea por su lado, ninguno podrá vencer al PRI; no en esta ocasión. Y el aceptar este hecho objetivo circunstancial no significa reconocer la calidad de este último instituto y su prestigio en el pueblo. Significa estar conscientes de que siendo el origen del PRI el Estado mismo, contó este partido desde su génesis con recursos casi ilimitados para darse una estructura financiera, contable, tecnológica, territorial, jurídica, etcétera, que le ha posibilitado desplegar todo género de recursos legales, ilegales y extralegales para mantenerse en el poder, ya no para servir, lo que dejó de hacer desde hace mucho, sino para seguir experimentando el placer de conservarlo, de saborearlo, de usar de él en provecho propio y de sus incondicionales.

“¡Tengo todo el pinche poder!”, soltó Fidel Herrera cierto día en una conversación telefónica que, para su sorpresa, trascendió al público. Y esa expresión retrata con nitidez absoluta la concepción que sobre el poder político han interiorizado durante décadas los miembros de la cúpula del PRI.

Pero a esa formidable maquinaria de convertir la ignorancia, la pobreza y la corrupción en votos se le puede derrotar. Veamos un poco de estadísticas. En las elecciones de 2004, los resultados para gobernador en Veracruz, en porcentajes de votos, fueron como sigue: PRI-PVEM (Fidel Herrera), 35%; PAN (Gerardo Buganza), 33.7%; PRD-PT-Convergencia (Dante Delgado), 28.2%. Detengámonos en la diferencia entre los dos primeros: escasos 1.3%. Además, es claro que sumando los votos del PAN y de PRD-PT-Convergencia no habríamos tenido al Dr. Fidel Herrera dirigiendo los destinos de la entidad más extensa de la república.

Seis años después, en 2010, los resultados en el mismo tipo de elección, fueron los siguientes: PAN-PANAL (Miguel Ángel Yunes), 40.99%; PRI-VERDE-PRV (Javier Duarte), 43.54%; PRD-PT-Movimiento Ciudadano (Dante Delgado), 12.9%. Restemos también los porcentajes obtenidos por los dos primeros: 2.55%. Y sumando los votos del PAN-PANAL y del PRD-PT-Movimiento veremos cómo tampoco habríamos estado bajo la égida del Dr. Duarte. Ni Herrera, ni Duarte ni todo lo que representan.

Por estos resultados, tanto en la campaña de 2004 como en la de 2010, se hablaba de la conveniencia de que la oposición sumara fuerzas y se desplegaban esfuerzos al respecto que el gobierno hacía abortar. Ahora, en 2016, no pudo impedir la alianza, pero ha usado otros recursos para mantener la independencia del resto de la oposición. Aunque justo es reconocer que algunos se sostienen en ella por convicción.

Así, es claro que en la contienda en curso el PRI no escatimará ninguno de sus abundantes recursos para “alzarse con el triunfo”, para “demostrar”, al menos en Veracruz, que a pesar de los despropósitos y torpezas del gobernador en funciones, a pesar de que éste desvió recursos, frenó y hundió la economía de la entidad y de su manifiesto desprecio por la educación pública superior, el pueblo lo sigue queriendo en el gobierno.

El PRI en Veracruz es hoy un partido de ocupación.

La alianza PAN-PRD es válida y justificable para expulsarlo e instalar un nuevo gobierno con objetivos básicos que sienten las bases en dos años para reconstruir lo perdido.

Sumémonos a ella todos.

 

Originalmente publicado en el periódico:

La Jornada Veracruz

2 de mayo del 2016

http://www.jornadaveracruz.com.mx/Post.aspx?id=160502_052747_830

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9 comentarios para “Las alianzas entre disímbolos, ¿estrategia válida y justificable?

  1. Luis Moroz
    5 mayo, 2016 at 9:40 pm

    Las alianzas no me parecen mal, de entrada. No obstante, creo que debe buscarse que entre los miembros que las pactan esté claro el objetivo que los mueve a recorrer un camino común. En este caso, la meta principal es sacar al PRI del poder, de eso no hay duda. No obstante, me preocupa que en este afán se pierda de vista que es el pueblo el que merece un gobierno mejor; de lo contrario, se corre el riesgo de volver la carrera por el gobierno el objetivo en sí mismo, dejando el bienestar del ciudadano en el olvido. Se debe recordar que en un nivel fundamental, es por el pueblo que se busca instaurar una nueva vía política en el estado de Veracruz, así como en el resto del país. Lamentablemente, si esto se olvidara, entonces la alianza entre disímiles sería un fracaso.
    Tengamos optimismo ante el sombrío escenario que se vislumbra.

    • Luis Magaña
      5 mayo, 2016 at 11:56 pm

      Tienes toda la razón, tocayo, y para reforzar tu dicho reitero lo que asiento en mi texto: que apoyo las alianzas entre diferentes si lo que las anima se orienta al beneficio de los pueblos. Añado ahora que también son un fracaso las alianzas entre semejantes cuando sus integrantes, obsesionados con la búsqueda o conservación de privilegios, se olvidan del ciudadano común, que debe ser la razón última de la conquista del poder político.
      Tu comentario me da pauta para tratar de escribir un nuevo artículo sobre esta cuestión medular.
      Gracias.

  2. María Pérez
    9 mayo, 2016 at 3:25 pm

    Estoy de acuerdo con el hecho de que las alianzas derrotan “enemigos”. Creo que en este caso lo que cuestionaría, muy a pesar de que el fin último es sacar al PRI del poder, es con quién se pacta. Dado que, al parecer, el candidato por la alianza PAN-PRD es el abogado Miguel Ángel Yunes Linares, quien fue militante del PRI hasta el 2004, queda una sospecha de su autenticidad. Es evidente que quien se inició en la política en los años 60s tenía que hacerlo en el PRI, pero, con forme se fue abriendo la política mexicana hacia la diversidad, se fueron generando nuevos partidos. Los socialistas priístas decidieron plantarse en la izquierda y dejar la cuna. El caso de Yunes Linares no presenta una evidencia contundente de que se encuentra entre los disidentes socialistas, por el contrario, pareciera seguir sus propios intereses y actuar algo más como un mercenario que como un servidor público. Diversas acusaciones en torno a su gestión se han presentado. No conozco de momento fuentes que confirmen la veracidad de esto, pero encontré en la versión digital de El Universal, una reseña de su actividad profesional. Basándome en ésta, no parece existir en él una convicción de servicio. Es éste el mayor problema de las alianzas entre disímiles, ¿cómo poder gobernar cuando existen ideologías tan distintas?

    Dejo la liga a El Universal:

    http://www.redpolitica.mx/yopolitico/perfil/miguel-angel/yunes-linares

    Y a la enciclopedia de todos:

    https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_%C3%81ngel_Yunes_Linares

    Un saludo afectuoso y muchas gracias por compartir esta breve reseña histórica con nosotros.

  3. Pedro
    9 mayo, 2016 at 10:57 pm

    Muy buen articulo Maestro.
    Pero no creo que baste con vestirse de azul para detener el estado sin ley en que nos tienen esta bola de corruptos, es decir, si fuera un “concurso” por ver quién muerde más fuerte a Veracruz si me iría por la alianza PAN/PRD dado el historial del candidato.
    Hace unos días me topé en la calle con el Maestro Cuitláhuac García y la manera de saludarme y expresar su principal objetivo que es que los jóvenes sigan estudiando y que por ningún motivo se alejen de los libros, me hizo darme cuenta que no necesitamos vestirnos de los mismos colores en épocas electorales (azul/amarillo ó rojo/verde/negro/morado/etc, etc.), no necesitamos seguir fomentando la fórmula “perfecta” que tienen los partidos políticos que siempre están en el poder (ignorancia/tele/despensa/$200, etc,etc.)… Lo que necesitamos es personas como el Profe o como usted que Mantengan sus ideales intactos, que contagien a la juventud con conocimiento!
    Necesitamos luchadores sociales, conozco un poco del trabajo que ha hecho el Maestro Cuitláhuac antes de su incursión en la política y eso vale mucho…

    • Luis Magaña
      15 mayo, 2016 at 3:28 pm

      Hola, Pedro: Gracias por tu comentario que a su vez amerita uno más de mi parte.

      Como tú sabes Ideales de justicia social ha habido en todos los tiempos desde que apareció la civilización. Ha habido periodos en que el ideal, estando allí, no ha encontrado mano que lo tome, luche por él y lo concrete, y entonces hay etapas de oscuridad, de mucha sombra. En otros momentos han surgido hombres o mujeres que han estado a la altura del ideal y entonces la humanidad ha avanzado un trecho. Sin embargo, he aprendido que tiene sus desventajas ver el mundo en blanco y negro, por la sencilla razón de que, en lo humano, esos dos extremos no existen; lo que hay entre ellos es una infinita variedad de matices del gris; algunos son claros, pero no blancos; otros son oscuros, pero no negros. La propaganda a lo no muy claro lo hace ver negro y a lo oscuro lo hace ver claro si así conviene a quien la diseña e impulsa. Todo depende, como bien sabes, de los objetivos que se persigan. Todo es cuestión de intereses.

      Y los que están en juego en Veracruz en este momento son ingentes. Veracruz es la tercera entidad por el número de empadronados (5 millones de electores), solo después del estado de México y de la ciudad de México. Así, el partido que controle estas entidades tendrá grandes posibilidades de disputar con probabilidades de éxito la presidencia de la república en 2018. Así, pues, el caso de Veracruz no es solo un asunto de economía, seguridad para la población, inversión en obras de impacto social, etc., sino también de estrategia político-electoral para la batalla por venir en dos años.

      En concordancia con los datos objetivos, no hay en este momento ninguna otra fuerza política en la entidad jarocha, salvo la alianza PAN-PRD que tenga posibilidades reales de derrotar al PRI. Tampoco hay garantía, claro está, pero su probabilidad es muy grande (recuerda los datos de las dos contiendas anteriores).

      Si votamos por un candidato novedoso, digamos Cuitláhuac García, Morena avanzará sin duda; ganará ciudades, distritos, pero no la gubernatura. ¿En qué me baso? Aparte de lo que publican las encuestas, de las que podemos dudar legítimamente, en lo siguiente: el candidato del PRI, Yunes Landa, ni siquiera lo menciona, ni a él ni al resto de los contrincantes de los partidos que no menciono aquí. Si observas, todos los cauces de las aguas negras de su propaganda desembocan en Yunes Linares, el candidato de la alianza PAN-PRD. ¿Por qué? Está muy claro: es el único que lo puede mandar a la lona, que lo puede noquear.

      Si gana la alianza PAN-PRD Veracruz, podría replicarse el triunfo en 2017 en el estado de México. Y en 2018, PRI, PAN, PRD, MORENA, estarán en condiciones de pelear más parejamente.

      El candidato de MORENA tiene buenas intenciones -lástima que solo repite lo que dice Andrés-, pero la probabilidad de que gane Veracruz es muy baja.

      Todo voto contra el PRI que no vaya a la alianza PAN -PRD, aumentará la probabilidad de triunfo del innombrable.

      La política es, pues, el arte de lo posible. Lo que a veces obliga a aplazar el ideal.

      Saludos.

  4. Mónica
    9 mayo, 2016 at 10:57 pm

    Parece claro que para muchos de nosotros, quitarle a Veracruz el yugo que ha representado el PRI es casi un sueño. Es posible que muchos de nosotros hayamos perdido a estas alturas de las circunstancias la esperanza de una verdadera democracia a través del voto y de la “lucha limpia” por el poder en pro del pueblo… Hace poco me topé con una frase de Noam Chomsky que decía algo así: “no debes creer que porque no te matan cuando vas a votar, vives en una verdadera democracia…” Creo que en México no vivimos una democracia real, si bien no es uno de los países con la peor situación. Me viene a la mente Haití, por ejemplo. Pero parece un hecho que la corrupción nos corroe y que no espaca a ningún partido ni a la cultura.
    Estoy totalmente de acuerdo en que a lo largo de la historia, las alianzas han sido el único medio aparente para vencer a los máximos opresores… La pregunta (y el temor) para mí es, ¿pero qué viene después?
    El autor se refería al ejemplo de la conquista de México y de sus verdaderos conquistadores, y al respecto querría subrayar eso mismo: si recordamos, lo que vino después fue la entera traición entre los miembros de la “alianza”. Cierto, se aniquiló al imperio Azteca… Y a todo lo demás también. Los españoles sólo utilizaron a conveniencia la fuerza de “sus aliados”. ¿Qué pasaría entonces entre la alianza de disímiles como PAN-PRD? ¿Cuáles serían las consecuencias? Creo que debe unirlos algo más elevado que sacar al PRI para poder confiar… Como fuera una parte de sus valores más íntimos, aunque sea pequeña.
    Por otro lado, tengo que reconocer que el artículo me tocó una fibra. Jamás hubiera considerado votar por el PAN y, mucho menos, luego de su “excelente participación” durante 12 años de gobierno. Incluso personalmente puedo decir que he vivido las consecuencias directas de su fantástica estrategia contra el narcotráfico y el crimen organizado. Casi siento que me traiciono a mí misma y a tantas víctimas en dicho periodo si los considero como opción… Una de las peores características del mexicano es que olvida, y, entre tanto, por eso se ha perpetuado el PRI… Se le olvida por quién es pobre, por quién perdió a los suyos, por qué no anhela a un futuro mejor… Y lo mismo pasa con el pan. En ese sentido, algo muy fuerte me impulsa a serle fiel a mi moral y no recurrir al “voto útil” para sacar a unos pero meter a otros de parecido calibre.
    Sin embargo, creo que no puedo decidir ahora y que me lo estoy tomando en serio.
    Apoyo excelentes artículos como este que nos inviten a pensar en más posibilidades y estrategias para anhelar un futuro mejor para todos.

    • Luis
      15 mayo, 2016 at 2:05 pm

      Lo que vendría después, Moni, si sacáramos al PRI del gobierno de Veracruz, y se instalara la alianza PAN- PRD, no lo sé. Es un asunto de esperanza, pues todo está muy mal en el país. Lo que sí sé ahora es que nunca antes la torpeza y los desatinos de un gobierno en Veracruz han llegado a los niveles del gobierno de Duarte con gran perjuicio del pueblo, produciendo en éste un descontento generalizado desde el extremo más meridional hasta el más septentrional de la entidad. Nunca antes la economía había llegado a un estado de postración como el actual; nunca antes había habido tanta inseguridad, tanta impunidad, tanto cinismo y tanto latrocinio de los recursos que destinados para mejorar y desarrollar al estado. También sé, aunque no me guste, que la única fuerza política que ha estado a punto de arrebatarle el triunfo al PRI en las dos contiendas anteriores en Veracruz, ha sido el PAN -recuerda los datos de mi artículo-, de allí la necesidad de la alianza para elevar la probabilidad de vencerlo ahora. Te informo que en Zacatecas, donde también van en alianza el PAN y el PRD, el único partido que estuvo a punto de vencer al PRI en las elecciones pasadas fue el PRD, es decir, lo contrario de lo que sucedió en Veracruz donde nuestro partido es marginal.
      Y así como en Veracruz hay perredistas que no asimilan la posibilidad de votar por el PAN, también en Zacatecas hay panistas que dudan de votar por el PRD. Pero a unos y otros les digo que tienen un error de información. Lo del PAN y el PRD ahora es una alianza no una mescolanza. El objetivo principal es echar al PRI, que no es cualquier cosa. Los perredistas y panistas en Veracruz, a la hora de votar por gobernador, lo harán por sus respectivos partidos. Lo mismo sucederá en Zacatecas. Allá el candidato es del PRD porque este partido es mayoría; en Veracruz es del PAN porque éste es mayoría aquí. Así de simple.

      En Veracruz nunca ha habido más fuerza gobernante que el PRI. Tiene 86 años haciendo lo que quiere. De ese largo periodo, unos 50 realizó cosas a favor del pueblo sobre el que ejerció siempre férreo control, négándole desde el origen su derecho a la democracia. Las casi 4 décadas restantes solo ha hecho cosas a favor de sí y de sus incondicionales. Es, a todas luces, un agua estancada, putrefacta, maloliente.

      Pero desde niño aprendí que el agua estancada, si la haces a correr, se clarifica. Y eso solo ya es un buen punto de partida.

  5. Leticia Rivera
    13 mayo, 2016 at 3:48 pm

    Después de leer esto y de la experiencia de las alianzas en 2000, 2006 y 2012, espero tener un “educated guess” ya que no creo tener la verdad absoluta.

    Es cierto que las alianzas se hacen con todos, amigos y enemigos para obtener un bien común, lo cual para Veracruz definitivamente sería sacar al PRI del gobierno.

    Del 2000 recuerdo que todos estaban súper contentos de haber sacado al PRI de la presidencia, aunque dudo mucho que el bien común era Vicente Fox, después de sacarse la foto, o sea todos menos el PRI como la oposición ganadora, casi inmediatamente empezaron las traiciones empezando por los verdes (qué raro quién lo diría), y empezaron los arreglos por lo oscurito del verde con el PRI.

    Una alianza puede y es necesaria para obtener un bien común, pero también debe tener una fuerte componente social que evite que los nuevos intereses se conviertan en nueva fuente de discusión interna, que ponga en entredicho la fuerza de la alianza o incluso la rompa.

    Yo diría que en el caso de la alianza en Veracruz, es obligatorio que los intereses presentes y futuros estén bien claros para los participantes, no puede quedar un “esto luego lo pactamos” ya que cada una de las partes se sentiría más fuerte que la otra un “por mi gente ganamos” lo cual es ridículo ya que solo una parte de la gente no gana nada.

    Si nos metemos en la ética de una alianza eso es mucho más complicado, ya que el bien común es el tesoro que todos defienden pero los medios que unos y otros justifican para ese bien común pueden ser completamente ilegales.

    Para mi una alianza es un mal necesario, y debe llevarse con mucho cuidado y desconfianza, tipo alianzas de sangre de la edad media.

  6. Alfalfa
    18 mayo, 2016 at 7:38 pm

    Lo que hoy sucede en Veracruz puede interpretarse como una visualización anticipada del escenario que probablemente enmarcará las elecciones presidenciales del año 2018. El PRI, como partido dominante, desplegará toda su maquinaria para perpetuarse en el poder cueste lo que le cueste; no lo dudará ni por un instante. Para ello, se valerá de nuestros desacuerdos, de la decepción social y de la división de la izquierda, ya que ésta ha sido su única y verdadera enemiga. Como sociedad debemos darnos cuenta de que si decidiéramos no votar sólo beneficiaríamos al PRI; que si desviáramos nuestro voto por los partidos menores o por aquellos que aparentemente defienden los ideales de la izquierda pero que en los hechos no tienen posibilidades reales para competir por los puestos en disputa, también le estaríamos haciendo un favor al dividir la fuerza de la oposición. Me parece que sólo la unión entre las grandes fuerzas políticas podrá aumentar las posibilidades de derrotar a este partido que hoy amaneza con permanecer las próximas décadas en el poder. Ojalá que en Veracruz esta alianza pueda rendir los frutos que la sociedad necesita.

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