El ineludible viaje al Mictlán

Elegante y segura de sí misma, aguarda pacientemente por presentarse ante nosotros.

Elegante y segura de sí misma, aguarda pacientemente por presentarse ante nosotros.

Pocas cosas en la vida son certeras, pero la muerte lo es. Es un hecho indiscutible que todos, ricos, pobres, feos, guapos, buenos y malos, moriremos en algún momento; instante que además de seguro es completamente impredecible. Si lo reflexiona un momento, verá que la vida y la muerte son contradictoriamente una dicotomía indivisible. Todo lo viviente decae, pero del cuerpo inerte resurge la vida. Se trata de un ciclo democratizador al tiempo que absolutamente justo. Todos, en un nivel esencial, compartimos un mismo origen y un mismo destino.

Paradójicamente, aunque la muerte es parte íntima de la vida, nuestra sociedad moderna le rehúye. Ignorando el conocimiento ancestral, hemos preferido enfrentarla con el peor enfoque posible. Hoy, la muerte es probablemente más temible que en ningún otro momento de la historia humana, abominable, pero completamente soslayable. Nos engañamos pensando que al cubrir nuestros ojos ante su acción implacable, su sombra desaparecerá; como si los objetos, el trabajo o el dinero mismo nos volvieran inmortales.

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Mictlantecutli, resguardando la entrada al inframundo. Altar autóctono.

Y cuando se le ve, entonces preferimos transformarla en un monstruo o quizá muchos. Es entonces cuando el manto de Halloween potenciado por la fantasía de Hollywood nos abraza y nos reconforta. El influjo del capitalismo nos envuelve haciéndonos creer que estamos a salvo; que nunca moriremos. Pero en el fondo, todos sabemos que estamos vacíos, temerosos de que ese día llegue y nos tome por sorpresa.

Nuestros ancestros entendieron mejor a la muerte. Descubrieron su profunda interdependencia con la vida y la celebraron. Jamás la apartaron de su cotidianeidad; la hicieron unidad permanente entre sus acciones y su conciencia. El día de muertos expresa formidablemente esa avanzada cosmogonía donde todos, vivos o muertos, convivimos por igual en busca de la felicidad.

La tradición del Día de muertos no busca exaltar el miedo, sino glorificar la vida. Incluso el amor y el romanticismo se encuentran abundantemente en ella.

En la tradición mexicana del día de muertos no se exalta el miedo; se celabra la vida. Incluso el amor y su expresión humana se encuentran abundantemente en ella.

El viaje al Mictlán es ineludible. Siendo así, ¿no sería mejor prepararnos para que cuando nos llegue la hora, partamos en armonía con la naturaleza? Nuestras tradiciones glorifican la vida honrando a los que emprendieron su último viaje. En ellas, no hay nada que temer. Al contrario; constituyen una ofrenda a la vida misma. Por si fuera poco, los que ya se han ido se manifiestan nuevamente entre nosotros. Por un día vuelven a degustar sus comidas preferidas, compartimos la mesa, los recordamos, los revivimos en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Prefiero mirar la muerte a través de nuestras tradiciones. Así, cuando muera, sabré que volveré en día de muertos; mis familiares y amigos también, por lo que me esperarán. Sabré que habrán dispuesto un altar maravilloso donde encontraré la comida que tanto disfruté y que podré comer nuevamente mi tamal favorito acompañado de un exquisito chocolate. Entonces, me habré vuelto inmortal pues nunca seré olvidado.

La preservación de nuestro patriminio cultural es una tarea que no podemos olvidar. ¡Hagámoslo siempre!

La preservación de nuestro patriminio cultural es una tarea que no podemos olvidar. ¡Hagámoslo siempre!

            Al parecer, ante la extraordinaria contundencia de los hechos sólo nos queda un camino sensato: debemos aprender a relacionarnos con la muerte si pretendemos disfrutar de una vida plena y feliz, hoy.

¿Y usted, qué prefiere?

 

 

 

 

 

 

 

 ¡Defendamos nuestras tradiciones!

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La muerte, fascinante e insondable, es parte esencial de la cultura mexicana.

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5 comentarios para “El ineludible viaje al Mictlán

  1. Mon
    1 noviembre, 2016 at 12:58 pm

    Me gustó mucho este artículo y las imágenes son geniales. Creo que uno de los principales problemas es la pérdida de valores, la materialización y comercialización de la vida y de la muerte y el nulo vínculo – o sentido de preservación – de la cultura propia… Hace poco escuché a una mujer que con una contundencia remarcaba que no entendía por qué se celebraba el Día de Muertos si “los muertos muertos están y no hay manera de que regresen”… Se me ocurre que racionalmente hay poco que decir en el sentido de que no se puede demostrar lo contrario, ¿pero qué hay del sentido emocional que acarrea recordar a los que ya no están a través de la belleza de una tradición? Es como si nada importara: en vida eres casi nada, pero muerto, ¿pierdes el derecho a ser recordado o celebrado? Está tan vacío todo ahora, que las tradiciones que promueven valores y sentimientos se desdeñan por lo superficial y excesivamente comercial. Ojalá haya más personas que crean que vale la pena defender y conservar nuestra tradición porque no es una cuestión de hecho, quizá, el que vengan o no lo muertos, sino el despliegue de valores y espiritualidad que implica y que tanto necesitamos en estos tiempos.

  2. Aida Renèe Garcìa Esquivel
    1 noviembre, 2016 at 3:45 pm

    Me encantò el artìculo pues siempre he pensado que los que mueren, en realidad pasan a una dimensiòn dentro de la nuestra; que pueden estar y vernos y oìrnos, pero nosotros nò.

    Esto es lo que se defiende de nuesra tradiciòn del Dìa de Muertos y festejar, Ellos son recordados, y si puede ser cierto lo que pienso, serìa magnìfico morir con un aliciente amoroso de quienes amamos y debemos dejar para partir aquì mismo, junto a ellos.

    Gracias, està muy interesante, y el Mictlàn de la piràmide, es una muestra del cielo, del lugar donde estàn los seres a quienes amamos y que no nos han perdido.

  3. Mary
    1 noviembre, 2016 at 4:32 pm

    Como bien dices, nadie escapa a la muerte y de hecho, el único requisito para morir es estar vivo. Me parece interesante que exista toda una industria tan amplia en torno a la muerte, no sólo es la parte de las tradiciones y de la venta de artilugios como los de Halloween, sino también la parte más inhumana que es la guerra. La muerte es algo que vemos más de cerca como mexicanos y a lo que nos exponemos con cierta frecuencia dadas las circunstancias en las que vivimos hoy en día. Me parece muy importante generar una conciencia profunda sobre esto y saber que la muerte es parte de la vida. No me gusta el hecho de que vivamos en un ambiente de tal violencia que se le considera ya como una de las formas de pasar a otro plano, pero si es importante reflexionar sobre ello y estar listo para ese momento. Lo que más podría asustarnos es el hecho de que no se mencione este factor determinante en la vida. Tambien creo que a través de nuestras tradiciones se favorece el contacto con la idea y considero de gran importancia transmitirlo, compartirlo y vivirlo, como parte de nuestra educación como humanos y como pueblo con una identidad muy bien definida.

  4. Luis
    6 noviembre, 2016 at 2:27 pm

    “El ineludible viaje al Mictlán” es una excelente reflexión y justificación del por qué debemos ver la muerte en unidad dialéctica con la vida. Por supuesto, no se trata de “demostrar” si nuestros seres queridos ya difuntos vuelven a estar con nosotros las últimas noches de octubre y las primeras de noviembre de cada año -aunque es muy bonito y reconfortante creerlo-, sino de aprovechar esa visión creada por nuestros antepasados indígenas de celebrar la vida recordando amorosa y tiernamente a los muertos más cercanos. Visión excelsa, sin duda, del inevitable viaje que todos haremos al Mictlán, y que nos debe impulsar a aprovechar todas las horas de nuestra vida tratando de hacer cosas provechosas para los demás o, si no, al menos que no dañen a nadie. Rechazo el Halloween, no por ser hechura cultural del extranjero, sino por carecer de una comprensión básica de lo que es el proceso natural de la vida y la muerte, y por tergiversar esta última convirtiéndola en algo temible y repugnante. Yo también, como tú, prefiero ser recordado, cuando me haya ido, en un altarcito lleno de tamales, pan, chocolate, cerveza, puros cubanos, calaveritas de azúcar y abundantes flores de cempasúchil.

  5. Gladys
    7 noviembre, 2016 at 11:48 pm

    Indiscutiblemente nuestros antepasados prehispánicos veían a la muerte de manera muy diferente a la del mundo occidental. En nuestro sincretismo cultural, han quedado muy fuertes las tradiciones antiguas, aportando una gran riqueza a la cultura actual en lo que llamamos “nuestras tradiciones”. Es importante reflexionar sobre estos temas y reconocernos en ellos como mexicanos.
    Buen artículo. Felicidades.

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